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Si la oferta política está cooptada por interesados en sí mismos, y no en el pueblo, cualquier combinación elegida terminará acordando en función de sus propios intereses. Eso no es Democracia.
Ahora bien, cuando éstos acceden a los tres poderes que rigen la vida del pueblo: la Justicia, la Legislación y la Administración, el poder queda concentrado en sus propios intereses. Eso no es República.
En este escenario, los ciudadanos dejan de serlo para convertirse en súbditos, gobierna la atistocracia, o la oligarquía, y la forma de gobierno, si así puede ser llamada, podría ser tanto una monarquía como una dictadura, pues nadie gobierna ni por, ni para el pueblo.
Solo la restauración de una calidad política interesada en el pueblo, y la aplicación de una estricta división de poderes, puede devolverle al pueblo el orden, el progreso y el porvenir.
En síntesis, hasta que el pueblo no abandone su zona de confort y asalte la política en defensa propia, ésta y el poder seguirán en las manos incorrectas, y el pueblo seguirá sometido.
No porque estemos en el siglo XXI, el Hombre ha abandonado sus codicias, y se haya terminado la opresión, solo cambiaron las formas, así como deberán cambiar, también, las formas de revolución. Tal vez sea tiempo de barajar y dar de nuevo.
Me encantaría decir que estoy hablando de Sudán, en África, pero no sirvo para mentir.
Norman


















