Gualeguay: Qué tan lejos estamos del colapso político

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Un gobierno es el responsable de gobernar un determinado territorio con un determinado presupuesto. Esto quiere decir administrar correcta y efectivamente sus recursos públicos, ordenando la convivencia dentro de ese espacio bajo el estricto imperio de las leyes, y promoviendo el desarrollo integral de todos sus habitantes. Ahora bien, cuando un gobierno no puede cumplir con esos mandatos, avanza hacia su colapso político. El caso gualeyo.

Muchos creen que el colapso de los Estados ocurre solo por carencias económicas, y eso se debe a que los gobiernos, a lo largo de la historia inmediata, se han acostumbrado a prosperar con recursos que les llegaban de arriba. Nunca buscaron ser autónomos o autosuficientes, nunca tuvieron que gobernar, sino que abusaron siempre de las cajas al servicio de la política. Nunca delinearon un proyecto, nunca gobernaron.

Desde hace un año y medio atrás, los gobiernos, sin plata de arriba, se ven obligados a gobernar de verdad, ajustados a su presupuesto. Se ven obligados a administrar, ordenar y promover el desarrollo según lo que sea que recauden. Pero, en muchos casos, su incapacidad de realizar todo ésto los condena al colapso.

Al no recortar gastos, no hacer un buen uso de los recursos, no se adecuan a la nueva realidad. No se adaptan. Entonces, por falta de recursos y de capacidad, administran mal, contratan mal, compran mal, deciden mal y hacen todo mal: dejan de ordenar y convierten todo en caos, a la vez que dejan de promover el desarrollo y todo va para atrás.

Algo más o menos como ésto es lo que está pasando en muchos territorios, salvo en aquellos en que sus gobernantes entendieron, desde un principio, de qué se trataba el cambio de modelo. Por lo tanto, para determinar si un gobierno está o no al borde del colapso, o colapsando, basta ver si el Estado se redujo o se mantuvo, si se administra según el presupuesto o según la política, si impera el orden o el caos, y si hay desarrollo o está todo postergado.

La realidad gualeya

En Gualeguay, una evaluación como la presentada anteriormente puede exponer un marco de colapso.

Por ejemplo, en lo que se refiere al volumen del Estado, por estos pagos no se han tocado los gastos, ni se ha hecho nada para adecuarse a un presupuesto a la altura de la situación. Muy por el contrario, se mantuvo la estructura de gastos y todos los sueldos políticos, sin un proyecto definido, lo que los obliga a improvisar todo el tiempo, tratando de parecer en lugar de ser.

Por otro lado, esa improvisación como respuesta a las urgencias y emergencias alimenta el desorden en todos los órdenes, mientras que cualquier tipo de desarrollo resulta imposible, dejando al desnudo incompetencias, desintereses y corrupciones.

Prueba de esta realidad son el tránsito y los operativos; el estado de las calles, las inundaciones y la iluminación; el agua corriente y las cloacas; las obras mal hechas y sin planificación; la basura y el basural; la pobreza, la inseguridad y la droga; el desempleo, la contaminación y la desinformación; el matadero municipal, el camino a Puerto Ruíz y el propio puerto; el carnaval; el parque industrial; el río; el cáncer; etcétera, etcétera.

Todo ésto se ve agravado, por un lado, por las prioridades, los discursos y las fotos de la Intendente y sus funcionarios, y, por el otro, el insuficiente accionar de instituciones, y la ausencia total de una oposición activa y constructiva.

En síntesis, el escenario gualeyo no es esperanzador, pero no puede establecerse, a ciencia cierta, si el colapso político llegó a Gualeguay, o está por llegar. Lo que sí se puede decir es que no parece estar muy lejos, y que la situación amerita una rápida reacción política. La cuestión es de quién.

Norman Robson para Gualeguay21

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