Tal palo tal astilla: Conocidos ladrones rurales tras las rejas

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La semana pasada, un conocido sujeto, sindicado en múltiples robos a campos, fue trasladado a la unidad penal N°7 a cumplir una pena de 3 años acordada en un juicio abreviado por vender cosas robadas reiteradamente. Días después, también fue trasladado al mismo penal su hijo, a cumplir igual pena, también luego de un juicio abreviado en una causa por robo agravado. Así es como quienes sufrieron sus fechorías durante años recién ahora podrán estar tranquilos, aunque sea, por unos años.

Alberto Albornoz, el Beto, es el escurridizo líder de una banda a la cual le endilgan numerosos robos en las zonas rurales de los departamentos Islas, Gualeguaychú y Gualeguay, mientras que Miguel Alejandro, su hijo, conocido como Pipita, no solo es quien lo acompañaba en sus cometidos, sino, también, quien lo reemplazó cuando éste debió ocultarse.

Entre ambos han sabido construir frondosos expedientes, ricos en hechos, así como también en anécdotas. Por ejemplo, la última vez que el Beto había estado preso en Jefatura, gritaba desde el calabozo que ya había arreglado que tal día se iba libre porque había puesto 20 mil dólares, y llegó ese preciso día y se fue liberado por la Justicia.

Finalmente, la semana pasada, luego de interminables idas y vueltas, fue instruido el traslado del Beto desde el barrio Pancho Ramírez hasta la Unidad Penal N° 7 por disposición de un oficio judicial en el marco de una causa de “encubrimiento por receptación dolosa agravada por ánimo de lucro reiterado”. En otros términos, en un juicio abreviado había aceptado la responsabilidad de haber comercializado cosas robadas reiteradas veces.

De ese modo, el Beto fue trasladado al penal para comenzar a cumplir, en forma efectiva, la pena de 3 años impuesta por la Justicia.

Por otro lado, días después, fue instruido el traslado de Pipita desde la Jefatura Departamental Gualeguay hacia la Unidad Penal N° 7 por disposición de un oficio judicial en el marco de una causa por “robo agravado por perforación en concurso real con hurto agravado por escalamiento y hurto simple”. En otras palabras, por robar.

De ese modo, el Pipita también fue trasladado al penal para comenzar a cumplir, en forma efectiva, la pena de 3 años impuesta por la Justicia. Un castigo idéntico al recibido por su padre.

Cabe destacar que, de este modo, y aunque sea por unos años, los vecinos de los campos de la zona podrán estar tranquilos y en paz, sabiendo que una de sus principales amenazas está tras las rejas. Pero quedan otras.

Norman Robson para Gualeguay21

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