La viveza criolla, nuevos vientos y las tres haches

Nuestra cultura se caracteriza por nuestra famosa viveza criolla, ese rasgo cultural, o filosofía de vida, fundado en el ingenio y la picardía al servicio del éxito, tomando ventajas de las situaciones, o evadiéndolas, siempre priorizando lo individual por sobre lo común. Pero esta conducta no nos ha llevado a ningún lado, y, por eso, la sociedad argentina busca, desde hace un tiempo, un cambio. La teoría de las tres haches está mostrándose como respuesta válida, y eso se observa en lo público, en lo institucional y en lo privado, tanto a nivel nacional y provincial, como en lo local, incluso en pueblos como Gualeguay. Veamos.

Aquella viveza criolla nos ha caracterizado, y condenado, alrededor del mundo, el cual nos vio siempre como un país riquísimo despilfarrado por la idiosincrasia de su propio pueblo. Sin dudas, no estaban tan errados. Tal es así que esta cultura ha naturalizado en nuestra sociedad la ausencia de normas, la desconfianza social y la corrupción en todas sus formas.

Ahora bien, de una u otra forma, el argentino está descubriendo, desde hace un tiempo, que recurriendo al ventajismo y a la evasión, a la trampa para burlar las reglas, y a la mentira y al engaño, no ha logrado nada. Por ello, la sociedad argentina, desde hace ya tiempo, clama desesperada por un cambio.

Días pasados, un artículo periodístico señaló a la Scaloneta como un modelo de gestión exitosa fundado en las tres haches, un nuevo concepto. Pero se trata de un proceso de transición lento y conflictivo que enfrenta una fuerte resistencia interna.

¿Cuál es la estrategia de las tres haches?

Simon Sinek es un escritor y filósofo moderno inglés, conocido por su concepto del “círculo dorado”, aquel que plantea estrategias a partir del qué, el cómo y el porqué, o del resultado, el proceso y el propósito. En este afán filosófico, Sinek resalta como un efectivo recurso estratégico las tres haches: la humildad, la humanidad, y la honestidad, en franca oposición con la viveza criolla.

Se trata de cultivar la humildad como la capacidad de reconocer la realidad en toda su dimensión, sean fortalezas o debilidades, lindas o feas, y de entender al éxito solo como un logro colectivo; de adoptar la humanidad en forma de empatía, respetando a los otros como seres humanos sujetos de derechos y partes de ese colectivo; y de profesar la honestidad como conducta, siendo transparente, honrando la verdad, y siendo coherente con uno mismo.

¿Y dónde la vemos?

El proyecto exitoso más evidente hoy es la Scaloneta, cuyos mentores, en principio, fueron descalificados por su propia sociedad, hasta que alcanzaron el éxito con un modelo de gestion deportivo sin precedentes, en el cual las tres haches son centrales.

Por otro lado, sin entrar en discusiones ideológicas, Milei podría ser otro modelo exitoso, éste en lo político. Del mismo modo, Galperín podría ser un tercero, pero en los negocios. Son tres militantes de las tres haches que contrastan con los modelos del pasado. Son tres que ven otro escenario, que cultivan valores distintos y que, con otros criterios e intereses, profesan modelos de éxito diferentes a los tradicionales.

En Gualeguay también hay de estos modelos distintos, aunque desfigurados por la propia idiosincrasia de un pueblo particular. Los hay en lo deportivo, con un campeón del mundo distinto, y los hay en lo empresarial, entre los que se destacan un proveedor industrial, un joven productor y dirigente, y un par de mayoristas distribuidores.

Todos con un denominador común: la humildad, la humanidad, y la honestidad, lejos de la viveza criolla. Todos ellos demuestran que el éxito es alcanzable sin ventajismo, sin evasión, sin engaño, sin mentira, sin trampas para burlar las reglas.

En síntesis, a lo largo y a lo ancho de la Argentina están soplando otros vientos, distintos, de cambio, pero de un cambio cultural en serio, y los argentinos lo perciben, y muchos lo acompañan. También hay muchos que se resisten, como se resistieron a Scaloni y a Messi, son los vivos criollos de siempre, enquistados al pasado, pero que son muchos menos que el pueblo.

Norman Robson para Gualeguay21

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