La Argentina es el país de Sudamérica que recibió, en dos grandes olas, unos dos millones de españoles. Entre 1880 y 1930, llegó la mayor parte huyendo de la pobreza y la desesperanza, y, entre 1936 y 1950, llegó el resto huyendo de la guerra civil y la posguerra. Eso hace de la Argentina uno de los principales destinos elegidos por la emigración española. Tal vez por eso, en la posguerra, cuando en España imperaba la escasez, la Argentina le envió alimentos y le concedió créditos, convirtiéndose en uno de los países que más la ayudó.
Hoy, casi medio millón de nuestros hijos y nietos se fueron de acá huyendo de las pobreza y la desesperanza, y eligieron España por sobre cualquier otro destino, donde fueron muy bien recibidos, tanto que ella los adoptó como propios, con pasaporte y todo.
En síntesis, entre estos pueblos hay demasiada historia, y de la fuerte, para ser ensuciada por la ignorancia, nuestro verdadero mayor enemigo. Esa ignorancia propia del olvido y el desprecio por la propia historia, por la cual, hoy, las nuevas generaciones de uno y otro pueblo se enfrentan por un partido de fútbol.
Pero no hay mal que por bien no venga, decía mi abuela, y esto nos deja una buena lección: nunca debemos ignorar nuestra historia, pues cuando lo hacemos, nos traicionamos a nosotros mismos y perdemos partes de nuestra propia identidad, lo único que es realmente nuestro.
Norman Robson para Gualeguay21


















