En el Plan Estratégico del 2000, requerido en el marco de la Defensa Costera, en los talleres se coincidió en la necesidad de desarrollar el turismo en Gualeguay. A partir de aquel momento, con el apoyo del Intendente Héctor Jaime, un grupo de privados, liderados por Evangelina Correa, coordinadora municipal, comenzaron a trabajar en desarrollar la actividad. Eran tiempos de Alarcón empujando el Autódromo, de Suparo con los clubes y el carnaval, de Cáceres con los motoencuentros, de los balnearios, de Cantando en el Río, de Prohibido Fumar. Hace 25 años atrás. Desde entonces, pasaron muchas cosas.
De aquel contexto surgió, en 2001, la creación del Ente Promotor de Turismo, pero no terminó de nacer que explotó la crisis, y todo quedó en stand-by hasta años después, cuando creada la Corporación para el Desarrollo de Gualeguay, el turismo volvió a ser militado por los privados gualeyos. Eran tiempos de la flamante Costanera, y del sueño de las termas cuando aún nadie las tenía. Aunque entonces divorciados del poder político, los horizontes no eran tan diferentes. En el 2005, Jodor hizo el Corsódromo, el carnaval salió de las calles, el evento creció, se convirtió en un negocio millonario, y, en 2009, la gestión de Erro lo expropió.

Frente a todo esto, el Centro Económico Gualeguay, con renovadas autoridades, y presencia activa en la Corporación, comenzó a intervenir en el turismo local. Tal es así que, en su seno, en 2010, nació la Cater, Cámara de Turismo de Entre Ríos, con Claudia Pagnota, de Colón, como presidente. De ese modo, se continuó trabajando, y se conformó una Cámara de Turismo dentro del Centro Económico. De esta salió el proyecto de la Fiesta de la Galleta, presentado a Erro y que este convirtió, con recursos de Nación, en la Fiesta del Asado y la Galleta.
Al mismo tiempo, se desarrolló, junto a la Cater, una intensa tarea de promoción dentro y fuera de la provincia, en particular en la Feria Internacional de Turismo, donde se supo estar con galletas entre plumas y lentejuelas. Desde la Cámara también se enfrentó a Erro en su intento de expropiar Paso de Alonso, con intenciones personales de desarrollar allí unas termas. En ese contexto, a pesar del éxito que tenía el balneario Arenas, con playa y fiestas, los ambientalistas instalaron la idea de que el río estaba contaminado, lo cual nunca fue cierto, lo cerraron y lo abandonaron.

Por su parte, la Municipalidad hizo lo suyo: potenció el negocio del carnaval, la fiesta del Asado y la Galleta, recitales multitudinarios en la Costanera, y repuso después de años Cantando en el Río, generando un interesante movimiento turístico. Tal es así que la gente invirtió en cabañas. Unas 50. Pero no hubo continuidad política de estrategia alguna, y nada se consolidó.
Finalmente, en 2016, inspirada en el cambio político, la Cámara del Centro Económico, renovó sus votos y logró inponer en la agenda estatal, acompañada por las distintas comunidades de descendientes de inmigrantes, la Fiesta de las Colectividades. Pero el cambio no resultó lo esperado, y los celos de protagonismo dieron por tierra la Cámara, mientras que, el Estado municipal se limitó solo a organizar fiestas y nunca más a promover el desarrollo del sector. Por su parte, el Centro Económico mantuvo su silla en la Cámara Entrerriana de Turismo hasta el 2022, después de que la Pandemia le asestara un duro golpe a la actividad.

De ese modo llegamos a hoy, en un escenario no muy distinto al del 2001. En aquel entonces se remarcaba el potencial del patrimonio cultural y natural de Gualeguay a solo dos horas de un tercio del país, lo cual sigue como entonces. En este cuarto de siglo nunca el turismo fue una política de Estado, salvo para financiar la política, o para lindas fotos. Nunca hubo estrategias de desarrollo. Hasta la propia ciudad desprecia hoy sus reservas naturales, unas 160 hectáreas a las cuales solo pueden disfrutar quienes tienen lancha, y condena injustamente a un río que supo ser su inspiración.
De todo esto doy fe, pues fui parte de esta historia. No me la contaron. Por eso, por estos días, aunque sea frente a una amenaza de desastre climático, celebro que los actores locales se hayan vuelto a juntar, y, también por eso, revivo esta historia. Solo cabe desear que el granito de arena de muchos de los que fuimos parte alguna vez, sirva de algo, aunque sea para que no se cometan los mismos errores, para que reaccionen contra las miserias de siempre, y para que tengan el éxito que se merece Gualeguay.

Mi recuerdo para Evangelina, Antonella, Orlando, Federico, Fabio, y tantos más, y para los muchos amigos dirigentes de distintas partes de la provincia que siempre nos dieron una mano para que esta ciudad crezca.
Norman Robson para Gualeguay21


















