Desde hace décadas escuchamos lamentos acerca de cómo se fue desplazando el lugar del libro en casa o la escuela. Y estas quejas tienen fundamento en la realidad.
Primero, la televisión; luego, la computadora, van poniendo cada vez más dificultades para una dedicación a la lectura serena y reposada. La llamada “cultura del zapping” nos hace pasar del largo y no detenernos en los libros, y a veces ni en los amigos. La ponderación del fragmento por sobre los caminos prolongados o los procesos de aprendizaje puede ser un impedimento concreto.
Sin embargo, cada tanto aparecen novelas que atrapan a los adolescentes, o textos que nos ayudan a encontrar riquezas en el propio corazón o que nos ayudan a soñar un mundo mejor que aun es posible. También libros de espiritualidad y formación. Me contaban cómo se estaban vendiendo varios títulos sobre el Papa Francisco, o acerca de la vida de San Francisco de Asís.
Si llegaste leyendo hasta este renglón significa que no registrás dificultades para sostener la lectura.
Y hablando de libros, te cuento de uno que estamos publicando en estos días un sacerdote, un matrimonio, y yo. Son reflexiones que fuimos compartiendo entre los cuatro. Se llama “Nueva Evangelización: fuerza de auténtica libertad”. Lo vamos a presentar el Jueves que viene, 9 de mayo, a las 19 hs en el Monasterio de Santa Catalina, San Martín y Viamonte, Ciudad de Buenos Aires. Dios mediante pondremos también alguna fecha en la Diócesis de Gualeguaychú.
Quiere ser “una invitación a la esperanza y la disponibilidad dócil al Espíritu que nos impulsa a navegar mar adentro, a dejar las seguridades conocidas en la costa y dirigirnos hacia aguas más profundas”.
El próximo 8 de mayo es la solemnidad de la Virgen de Luján, Patrona de nuestra Patria. A su Santuario en Luján —y a tantas Iglesias que llevan su nombre— acuden muchísimos peregrinos buscando el consuelo de la Madre, o queriendo expresarle el cariño de hijos. A la Virgencita Gaucha le confiamos nuestras intenciones y anhelos. Especialmente a sus hijos pobres y enfermos.
Hace dos semanas fuimos todos los obispos del país a rezar a Luján. Especialmente nos movía el pedido que el Papa Francisco nos hizo llegar en su carta: “recen por mí”.
Con corazón de peregrino también aproveché para pedir por mis familiares y amigos, los enfermos, los presos, los que no tienen trabajo, los que son adictos a las drogas o el alcohol, las vocaciones, la diócesis… y también por vos.
Necesitamos de la oración de unos por otros.
La Iglesia es familia y es comunión. La gracia de Dios nos alienta a la misión y a encontrar el rostro de Jesús en todos nuestros hermanos.

















