En África dejé escritas páginas inolvidables de mi infancia y mi juventud, paginas ricas en anécdotas y cuentos, estableciendo fuertes lazos que van mucho más allá de lo fácilmente comprensible.
Por eso, ésta oportunidad en que África vuelve a la escena de la mano de la muerte de Nelson Mandela, me siento obligado a rendir mi homenaje a él y al africano, al negro, a ese anónimo ignorado por la humanidad que él reivindicó.
Nelson Mandela, Tata para la familia y luego Madiba para el pueblo, era de la tribu xhosa, de Umtata, en el Transkei.
1995. El viejo, con el jockey de los Springboks, entra al desbordante estadio para entregarle la copa a su equipo, mientras blancos y negros celebran estruendosamente el campeonato del mundo.
Hoy, referentes de todo el mundo se manifestarán consternados por su partida, lo compararán justamente con Lincoln, San Martín, o Gandhi, mientras que twitter reproducirá sus más nobles sentimientos.
Pero todas estas palabras, por más adecuadas y oportunas que puedan llegar a ser, sonarán huecas en la noche de la estepa sudafricana, donde la fauna hará silencio para dejar escuchar el sentido lamento de su gente.
Un lamento de honor y agradecimiento que quienes lo comprendan podrán escuchar desde Kruger hasta CapeTown.
Un lamento a ritmo de tambor.
1979. Mientras el viejo sobrevive en una celda de 3 por 2, el pecoso, mas crecido, enfrenta los palos de los africaaners defendiendo a un negro en pleno centro comercial de Durban.
Ninguno de los discursos de hoy alcanzará para reflejar el paso de Madiba por este mundo, sencillamente porque en este mundo no son muchos los que han experimentado el verdadero sentir del África negra.
Ese místico sentir que fue siempre la inspiración y la motivación de Madiba, y que yo experimenté primero en Etiopia y luego en Sudáfrica.
Tal vez por esta razón siento que debo escribir estas líneas, no por haberlo conocido a él, sino por haber conocido ese sentir profundo del africano negro, por haber respirado su mismo aire, por haber compartido sus vidas.
Yo escuché los mismos latidos de África que escuchó él, y no es poca cosa.
¿Latidos de África?
Si. Hoy afloran encadenadas desde mi memoria secuencias interminables de inolvidables momentos, hordas de gurises saltando alrededor del auto pidiendo un pedazo de hielo se confunden con las fosas comunes llenas con los padres de mis amigos, la sequía se funde con las inundaciones, el Ellys Park se funde con los látigos de piel de elefante y los baños exclusivos para negros.
África me dio mis primeros amigos, que eran negros, y mis primeros amores, que eran negras, me dio mis primeras aventuras y mis primeras pesadillas.
2002. La historia y el ejemplo del viejo se expande alrededor del mundo, y aquel pecoso lechoso no podía permanecer ajeno a ello.
Hoy no me entristece la partida de Madiba, el último grande, porque deja su épico legado.
Un legado que ha dibujado una amplia y blanca sonrisa en aquel mi sufrido continente negro.
Descansa, Madiba…
“La muerte es algo inevitable… cuando un hombre ha hecho lo que considera que es su deber para con su gente y su país, puede descansar en paz…”
Norman Robson para Gualeguay21

16 septiembre, 2026 6:35 am/
En la tarde de ayer, el presidente del Emturer, Ente Mixto de Turismo de Entre Ríos,...
















