Es una buena gimnasia, una buena práctica, un buen entrenamiento, desplegar el ser en el afuera, cuando es tan obvio y tan visible, porque tiene una repercusión en el estado interior.
Por ejemplo, me peleo con alguien, que está en el afuera, porque estoy en desacuerdo con sus ideas, dado que piensa distinto de mí. Nunca me hago la pregunta: ¿cuánto beneficio o cuánto daño espiritual me ocasiona esta discusión? Hago la cuenta racional: tengo una verdad, la mía; el otro puede estar equivocado o no; aprovecho la acción para valorar mi autoestima. En este caso, para integrar la diferencia de la opinión, en la tranquilidad y la paz de una conversación, necesito apertura en la escucha al otro.
Entonces, ¿cuál es la primera tarea espiritual para que esta biodiversidad cultural se integre? Una disposición y una vocación de apertura. Es polar, apertura o cierre, dinámica.
Si estamos abiertos a lo biodiverso –bio porque biológico ya dispone un núcleo divisible–, desde la cultura hagamos un esfuerzo por alcanzar un plano de mayor simetría con lo que la naturaleza nos enseña.
Un ejemplo de ello es el color de la piel. La cultura no siempre se acerca a lo que la naturaleza nos muestra como posible y viable. Todas las expresiones políticas, sociales, nacionales, carecen de sistemas culturales más desarrollados en lo espiritual para enfrentar esas diferencias. (…)
No nos olvidemos que lo espiritual está al servicio de integrar lo humano que somos, que no es lo que decimos sino lo que hacemos.
Rabino Sergio Bergman

16 septiembre, 2026 6:35 am/
En la tarde de ayer, el presidente del Emturer, Ente Mixto de Turismo de Entre Ríos,...
















