Alerta por noche liberada

En este sentido, hemos visto con preocupación que al cabo de las últimas noches de viernes, sábado o víspera de feriado, nuestras calles se han convertido en una suerte de zona liberada donde, más allá del esfuerzo que realizan policía y municipio en conjunto, la trasgresión y la violencia copan la parada.
Esta suerte de apocalipsis se desata una vez que cesa la música y se abren las puertas de los boliches, cuando se libera esa horda joven y bárbara que desbocada e intoxicada se vuelca a la calle alocadamente en los cuatro sentidos cardenales.
En esta instancia es cuando se pierde el control y se rompe el orden público disparando un todo vale donde cunden grescas a puño o arma blanca y dislocadas carreras dentro de la ciudad, habiendo mostrado ya un importante saldo de heridos, aunque, afortunadamente, sin que se haya tenido que lamentar víctimas.
Una rápida recorrida por los primeros diez días de este año nos muestra apuñalados, mandíbulas rotas, estúpidos choques y carreras a los tiros.
La realidad de las madrugadas de fin de semana deja claro que la situación está fuera de control y que la falta total de políticas en este sentido promueve y hasta potencia un escenario de desorden y absoluto irrespeto por las normas de convivencia.
Cabe recordar que, hace un año, por esta época, nos rasgábamos las vestiduras por dos chicas que se pelearon a la salida de un boliche ante una platea de espectadores que nada hicieron, pero desde aquel entonces a hoy el Estado tampoco ha hecho nada en términos de políticas de control y contención.
Está claro que estos problemas domésticos no son prioritarios para el gobierno comunal de turno, menos para el provincial o el nacional, así como también está claro que no hay de parte de ellos voluntad alguna para atender esta preocupante realidad.
Y también está claro que el problema ya ha desbordado tanto a la gestión municipal, que poco quiere para no preocuparse, como a la fuerza de policía, la cual, sin el apoyo político, poco puede hacer en este sentido.
Ahora bien, si como pueblo no queremos ser cómplices de una madrugada apocalíptica en la que se lamente la pérdida de un amigo o vecino, debemos tomar este tema e instalarlo, debatirlo, e instar a las autoridades a que nos ofrezca una solución de forma urgente.
En este sentido, algunas líneas de trabajo en busca de una solución surgen, las cuales se pueden ir desarrollando entre la ciudadanía, la policía y el municipio.
Entre estas ideas, se pueden mencionar el disponer restricciones al ingreso a boliches y el retiro de la autorización de manejo a quienes se ven involucrados en alguno de estos casos, la realización de acciones de prevención antes del cierre de los boliches o en la misma salida, cosa de ir conteniendo el peligro, e implementar un sistema de desconcentración como en las salidas de las canchas de futbol con controles de alcoholemia a la salida.
Más allá de que estas ideas sean viables o no, el Estado debe disponer urgente garantías para las madrugadas gualeyas. ¿Cómo? Es responsabilidad de las autoridades arbitrar los medios para ello, no nosotros.
Norman Robson para Gualeguay21

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