Abandono de familia

Hoy en día, esta ausencia de padres, algunos trabajando, otros divorciados o inexistentes, y remplazados por la televisión e internet, ha provocado un marco de anarquía familiar que promueve un escenario de absoluta intolerancia y total desprecio por las reglas, atentando contra la convivencia social.
Tal es así, que los gurises de hoy son criados desconociendo cualquier tipo de autoridad, sea familiar o no, la cual desafían más allá de las tradicionales rebeldías, a la vez que la televisión los ha convencido de que gozan de todas las libertades y el mundo se les debe a ellos, lo cual es refrendado y potenciado con su acceso libre a internet.
Esta grave situación, no solo no es más corregida por el ámbito escolar, ya que por inconsciencia política y necedad gremial ha ido relegando su incidencia en la educación hasta convertirse en un mero espectador, sino que es consentida por toda la sociedad que permanece indiferente ante la problemática en la creencia de que esto es exclusiva responsabilidad de los padres.
De este modo, los gurises de hoy se crían en la total independencia, alejados de cualquier tipo de disciplina, y abandonados a su suerte, la cual puede consagrarlos al efímero éxito como condenarlos al rotundo fracaso sin que en ello primen las conductas o los principios, menos los valores.
Hoy, los conceptos familiares, morales, éticos, entre muchos otros, no están postergados, sino que directamente desaparecieron.
El gurí contemporáneo no sabe lo que significa ser padre, ignora las implicancias de ser responsable, es ajeno al concepto de honesto, no experimentó la sensación de pudor, etcétera.
Esta situación ya tampoco es contenida por el servicio militar, el cual otrora dotaba a los varones de los códigos básicos de convivencia y supervivencia en comunidad, ni por la iglesia, la cual en algún momento también pretendió asistir esta problemática que crecía en el seno de sus familias, pero que debió abandonar para concentrarse en problemas más emergentes, como la extrema pobreza, postergando justo lo que hoy dinamita sus propias bases.
Menos puede incidir en todo esto el club, institución castigada por la inviabilidad económica de su administración, el cual nunca fue valorado por su capacidad de contención y es condenada a convivir con este problema en el seno de sus cuadros.
Para peor de males, el inicio laboral o los estudios superiores no auguran un cambio a esta cultura, ya que centros de estudiantes y sindicatos, en aras de la bendita inclusión, sostienen y potencian la consolidación de esta triste realidad.
Ahora bien, a esta altura ya es indiscutible que esta problemática desborda el ámbito familiar, o como quiera ser llamado, y si ya es imposible creer que padres y/o madres puedan contener por si solos este desborde, el cual trasciende todo el entorno primario de contención, entonces es preciso comprender que la cuestión es, definitivamente, un problema de estado.
Pero hete aquí el problema: el Estado es neciamente indiferente a todo esto y permite que el problema siga creciendo, que se potencie, alentando el alcoholismo, la drogadicción y la delincuencia, y promoviendo todos los costos sociales que esto involucra.
El Estado, con sus populosas reparticiones creadas en este sentido, Juzgados de Familia, Defensorías del Menor, Comisarías del Menor y Consejos del Menor, el Adolescente y la Familia, no sale de su ineficiencia, ineficacia o inoperancia, mientras que la justicia ordinaria y el poder político miran para otro lado.
Una ojeada a la realidad infantojuvenil actual permite advertir que mucho más de la mitad de los gurises abandonados a esta suerte son fácilmente rescatables, pero el aparato Estatal se concentra en los casos complejos, los cuales nunca logra solucionar, y deja de lado los solucionables para atenderlos recién cuando ya no tengan solución.
Mientras tanto, padres y madres, cuando los hay, se enfrentan en estériles disputas en un vano afán por rescatar a sus hijos, pero sin la más mínima asistencia por parte del Estado, enfrentando solos una problemática que los supera y desborda en todos los sentidos.
Del otro lado, en un maquiavélico auditorio, la sociedad toda se raja las vestiduras ante los altos índices de drogadicción, alcoholismo, delincuencia y embarazos precoces, y los bajos índices educativos, pero todos permanecen indiferentes e indolentes ante el origen evidente de todos estos problemas.
A lo sumo algún discurso sobre el tema, con suerte alguna toma de posición, pero sin acción el futuro de nuestros hijos está en el horno.
Mientras tanto, ellos siguen en riesgo.
Norman Robson para Gualeguay21

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