La corrupción carga peso muerto sobre los vivos

Al cabo de una declinación de décadas, sin gloria pero cada vez más rápida, los argentinos no se imaginan siquiera que alguien pueda querer un cargo público para otra cosa. Y si que llega a quererlo y obtenerlo, se corrompe y acompaña o lo echan a cascotazos.
Se ha llegado a “naturalizar” la corrupción como algo tan presente y necesario como el aire, incluso desconfiarían si de pronto por un milagro inconcebible, dejara de haber corruptos en la Argentina.
Se ha llegado a “naturalizar” la corrupción como algo tan presente y necesario como el aire, incluso desconfiarían si de pronto por un milagro inconcebible, dejara de haber corruptos en la Argentina.
Es decir, han llegado a “naturalizar” la corrupción como algo tan presente y necesario como el aire, incluso desconfiarían si de pronto por un milagro inconcebible, dejara de haber corruptos en la Argentina.
El caso es que no se trata solamente de los funcionarios públicos, se trata de todos. “El que no afana es un gil” según la expresión permanentemente actual de Enrique Santos Discépolo que no se refiere al gobierno solamente, ni siquiera principalmente, sino a todos sin excepción.
La estudiosa Emma Goldmann pensaba que la corrupción política, que se ha vuelto devastadora al punto de amenazar con aplastar a toda la sociedad, incluso a los cada vez menos que no tienen otro remedio que trabajar para vivir, no es un hecho moral sino que tiene una base exclusivamente material.
Redacción AIM Digital

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