Según el relato de las víctimas
Habían pasado apenas unos minutos de las diez de la noche. Las dos hermanas estaban en la caja. Uno de los hermanos, con un compadre, terminaba de limpiar la carnicería. El otro hermano hacia números sentado en un rincón.
Se acababan de ir unos clientes y una de las mujeres se aprestaba a ir hasta la puerta para darle llave.
No tuvo tiempo. Dos tipos, con el rostro cubierto por pasamontañas, se ganaron adentro a punta de revolver.
Uno redujo rápidamente a las dos mujeres mientras el otro siguió hasta el fondo a controlar los que estaban limpiando la carnicería. Nunca vieron al quinto sentado inmóvil en su rincón.
El primero obligó a una de las mujeres a arrodillarse en el piso. La precintó. Revolver en mano obligó a la otra a juntar todo el dinero. Una cifra importante. Mientras tanto juntó varios cartones de cigarrillos.
En el ínterin, su compañero había precintado a punta de cañón a los dos hombres de la carnicería.
El quinto, ahora escondido detrás de las góndolas, observaba todo impotente.
Los dos estaban muy nerviosos. A uno de ellos se le cayó dos veces el arma. Afortunadamente nunca se martilló. Enojado, abofeteó a la chica reducida en el piso.
Juntado el dinero y los puchos, manotearon la billetera de una de las mujeres y un juego de llaves. Salieron por donde entraron.
La quinta víctima vio cómo se subían al Peugeot azul y salían hacia el boulevard. Los corrió de a pie hasta ver donde doblaron. Había entrado hacia el barrio Molino.
De inmediato dio aviso a la policía. Eran las 22:14. Volvió a buscar su moto y con su hermano le indicaron a los policías donde entraron.
La orden para allanar ese conocido sector del barrio, donde estaba el auto, se demoró hasta la medianoche.
La información policial
De acuerdo a lo informado por el exagerado parte de prensa policial, “con el apoyo del personal de Comisaria Segunda, Comisaria Primera, Comando Radioeléctrico y GEPER”, casi todo un ejército, el operativo se realizó en “continuación de calle Salta, Barrio Molino, lugar donde vive Tijereta junto a su belicoso clan”.
En este sentido, el informe se queja de que, “como era de esperarse, dicha diligencia no fue nada fácil, ya que debió lidiarse con la constante agresividad de la anfitriona quien en todo momento y fiel a su estilo agredió con un lenguaje irreproducible”, “hasta intentando golpear a los auxiliares de la justicia”.
Siempre en tono exagerado y victimizado, el parte destaca que “al cabo de algunas horas, y en plena madrugada, se logra finalizar con el extenuante allanamiento, y con el secuestro preventivo del vehículo mencionado”.
Lo curioso
Por último, la gacetilla policial informó que en horas del mediodía de ayer miércoles, luego de nuevos allanamientos aparentemente no tan traumáticos, se logró “la puesta a disposición de la Justicia, de Puchi, Rata y José”, pero, acto seguido, el parte destaca que los tres sospechosos recién en horas de la tarde se hicieron presentes con “la asesoría legal de su importante bufet de abogados”, para que, “luego de ser correctamente identificados, volver a salir por donde habían ingresado…”.
Conclusión
De acuerdo a lo que se desprende de toda la información vertida, en este apremiante marco de inseguridad, una familia de comerciantes es víctima del delito, mientras que la fuerza de seguridad se manifiesta como víctima de los delincuentes y de la Justicia.
Imposible no recordar aquel “¿… y ahora quien podrá ayudarnos?” segundos antes de que apareciera el Chapulín Colorado.
Norman Robson para Gualeguay21

23 junio, 2026 10:24 pm/
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