Análisis de la delincuencia juvenil y las drogas

No obstante  esta apreciación, aún no se ha podido establecer qué tipo de relación existe entre ambas conductas, ni de qué manera una puede influir en la génesis de la otra.
Para analizar el problema planteado, debemos definir qué entendemos por “delincuencia juvenil relacionada con las drogas”.  Este término  engloba 2 grupos de delitos. El primero de ellos son los delitos psicofarmacológicos, que son aquellos cometidos bajo los efectos de una sustancia psicoactiva, llámense cocaína, paco, pastillas mezcladas con alcohol, que se dan como resultado de su consumo agudo o crónico. Es decir, aquellos que resultan del consumo de sustancias específicas que estimulan o favorecen alguna disposición, que contribuye a la realización del delito.
Los psicofármacos mezclados con alcohol son la sustancia más consumida por los adolescentes infractores. Los chicos suelen denominarla con ingeniosos nombres, como “la renoleta”, en alusión a su principal ingrediente: el rivotril. También la llaman “corajín”, ya que según sus propios dichos les da coraje para salir a robar. O simplemente la designan como “la jarra”, en honor al envase donde mezclan sus principales ingredientes  (alcohol y pastillas).
El segundo grupo de los delitos relacionados con las drogas son los llamados delitos compulsivos con fines económicos: Aquí el delito se comete para obtener dinero (o sustancias), con el fin de financiar la adicción a las drogas.
Es muy común en la iniciación de los adolescentes con las drogas, que éstos las consigan en el propio barrio, situación que otrora no ocurría,  pues existían códigos que se fueron rompiendo.
Años atrás, los “narcos”  no les vendían a los pibes del barrio. El mecanismo de la iniciación es sencillo: Los “narcos” comienzan haciéndoles probar en forma gratuita algunas dosis de la sustancia que sea,  y cuando los chicos “le agarraron el gustito” y quieren más, les indican que ahora deben pagarla y que se aceptará todo tipo de trueque como medio de pago. Aquí es donde aquel niño tiene que conseguir dinero o medios de cambio a cualquier costo para adquirir esa sustancia casi mágica, que lo aleja de su realidad, que le quita el hambre, el sueño, el frío, que le  hace olvidar los abusos padecidos. Y entones necesita procurarse dinero, y la única solución, influenciado por los narcos,  es que salga a robar.
Las estadísticas, los medios masivos de comunicación nos dicen que la relación entre el consumo de drogas y el delito juvenil es alarmante, y aumenta cada día, y se nos pretende vender una ecuación casi perfecta de Juventud,+ Vulnerabilidad + Droga = Delito.
Todos sabemos que los efectos del consumo de alcohol, drogas y otras sustancias en todos los niveles, impactan con más fuerza en los sectores más frágiles de la población. La ausencia de un contexto familiar y social que los contenga, provoca en estos jóvenes un estado de vulnerabilidad tal, que los hace más permeables a las adicciones y su correlato con el delito. Esta falta de contención, de afecto, hace que los chicos se refugien en las drogas y éstas terminan convirtiéndose en la familia “ortopédica”  de estos  niños.
Esta situación nos indica que no basta con imponer sanciones y encerrar a estos adolescentes, sino que existen múltiples factores que condicionan la infracción a la ley, que necesariamente requieren de una atención urgente y de calidad para ser eficaz. Ante todo, debemos entender que se hace necesario enfocar esta problemática desde la perspectiva de la protección integral de derechos de la niñez y adolescencia, entre ellos especialmente el  derecho a la salud, toda vez que se trata de una población juvenil que se encuentra en situación de vulnerabilidad. Debemos tener muy en claro que la sola criminalización de estas conductas por el sistema  penal, sin la construcción y fortalecimiento de un sistema de protección integral de derechos, eficaz y con financiación acorde con su efectiva intervención, no va a resolver absolutamente nada, porque el derecho penal interviene cuando  todas las instituciones previas, que deberían haber visualizado y solucionado el conflicto, no pudieron o ni siquiera vieron el problema, la primera de esas instituciones es la familia. Y de esta manera, la justicia penal, con un enfoque unidimensional, no puede pretender solucionar un problema multidimensional, como sería el incremento de los delitos cometidos por los adolescentes que consumen sustancias psicoactivas.  Pretender solucionar un problema de salud mental, un problema  social con el Código Penal, además de ser una locura es inútil.
Dr. Pablo Barbirotto, especialista en Derecho Penal. Esp. en derechos de la Niñez y Adolescencia. Defensor de Pobres y Menores N°8  de Paraná..-

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