La excusa del Gobernador Bordet de que perdió la provincia porque se nacionalizó la elección no es falsa, pero no debe olvidar el mandatario que él, y su séquito, son parte de ese pasado y esa forma de gobierno que el pueblo ayer castigó. Especialmente si vemos que perdieron en el departamento Concordia, eterno bastión pejotista de los Cresto, los Urribarri, los Bordet.
Por otro lado, la excusa de Cristina no fue distinta, ya que culpó de la derrota al “enorme aparato concentrador de poder”, tratando de alimentar un fantasma que nadie compró en 2015 y menos compraron ayer. El aparato que derrotó tanto a Cristina como a Bordet es el pueblo, que quiere volver de la vagancia al trabajo, de la corrupción a la decencia.
El argentino de hoy, pareciera, no le importa el ajuste, y, pareciera también, entiende que hay que pagar la joda pasada, no solo la del kirchnerismo, sino, incluso, las anteriores. O sea, parece saber que hay un “costo” que pagar y, para ello, cree en la propuesta del Presidente de la Nación, Mauricio Macri, de que “sí, se puede”, de que eso debe darse “unidos”, y, en especial, le aceptó aliviado el desafío de que “los argentinos no son el problema, sino la solución”.
En otras palabras, el argentino se muestra encantado con esta forma de gobernar donde el gobierno es indiferente a lo que le conviene políticamente de cara a las elecciones, sino que hace lo que cree que tiene que hacer, sin siquiera mosquearse.
En definitiva, al argentino no le importó darle esta rotunda victoria a Macri en una contienda legislativa, pero, entre líneas, le advierte que, en estos próximos dos años, debe hacer muy bien los deberes, porque, como ya sabemos, en las presidenciales es otra cosa.
Todo este análisis es mucho más visible al observar lo ocurrido en el ámbito local, donde el pueblo fue contundente y explícito: Condenó las figuras de Erro, Tassistro y Rubattino, íconos del nefasto pasado de corrupción, y perdonó las ineficiencias y desprolijidades de la administración Bogdan, dándole más tiempo para que mejore su capacidad de gobierno y logre los resultados que Gualeguay merece.
Ahora bien, el poder político, en cualquiera de sus versiones, sea local o provincial, debe entender, o aprender, que estas reglas de juego son nuevas, que los naipes también son otros, y que dos años pueden parecer mucho pero vuelan.
Si el Cambiemos provincial se monta en su pony o, lo que sería peor, se duerme en los laureles, en lugar de ponerse, como Macri, el futuro al hombro, los grandes perdedores de hoy se reciclarán, mutarán, se reinventarán, y estarán presentes en el 2019 haciendo lo que mejor han sabido hacer a lo largo de nuestra historia: Volver.
En resumen, el argentino condenó el pasado, apostó a este presente, y advirtió sobre el futuro.
Norman Robson para Gualeguay21

18 abril, 2026 4:54 pm/
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