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Corramos el árbol y miremos el bosque

A tres semanas de la marcha ambientalista en Gualeguay, sin cambios a la vista, queda claro que sin una decisión real de toda la sociedad, la solución de fondo seguirá brillando por su ausencia y el árbol seguirá tapándonos el bosque.

La oportunidad de darle una solución al histórico problema sigue siendo la misma, pero es necesario que todos, tanto los vecinos comunes como los dirigentes de las instituciones intermedias y los funcionarios públicos, nos involucremos desde el lugar que ocupamos, trabajando juntos, articulando ideas.
A esta altura creo que nos dimos cuenta de que, si realmente queremos solucionar el tema de los olores en Gualeguay, la demonización de una industria no es el camino.
Si bien puede servir para liderar protestas y manifestaciones, nunca servirá para acercar la solución definitiva que realmente queremos los vecinos.
Hoy, tres semanas después de la marcha, apagadas las euforias, sería bueno establecer qué pretendemos para Gualeguay en términos medioambientales, y no ser presos de una demonización que nos hace perder de vista todos los agentes que impactan en nuestro medioambiente.
Corramos el árbol y miremos el bosque.
Determinemos cuál debe ser la política en cuanto a la gestión de los residuos que todos generamos en nuestra vida cotidiana, qué hacer con los patogénicos, qué se hace para evitar que contaminen nuestras propias tierras, dónde terminan el aceite usado, los envases de pintura, las baterías, los tubos fluorescentes, los cartuchos de tóner, etcétera.
Determinemos, de forma fehaciente y definitiva, sin leyendas urbanas, si el río Gualeguay o las napas están contaminadas o no, y, si lo están, cuánto y porqué.
Determinemos cómo queremos crecer y en qué sentido, de qué forma, hacia dónde, estableciendo una pacífica convivencia entre calidad de vida y progreso.
Cada uno de nosotros debemos exigir que el funcionamiento de comercios e industrias, así como el de los gobiernos provincial y local, siempre en el marco de la ley, cumpliendo los procesos y requerimientos efectuados por los diferentes organismos de control.
Evitemos, entonces, el brete en el cual pretenden arriarnos, dejemos los demonios a un lado, y observemos el territorio en todo su contexto, reemplazando los prejuicios por información real y confiable.
Si lo que buscamos realmente es un cambio, debemos darnos un debate sincero y honesto, invitando al diálogo a todos los actores involucrados, para abordar no solo la cuestión de los olores, sino todos los aspectos medioambientales, y, así, producir un cambio rotundo.
Mientras tanto, nuestro desafío es instar al Estado a controlar a las empresas y a que lleve adelante programas y políticas a largo plazo, exigirle a las empresas a que resuelvan sus problemas ambientales pero, también, reconocer y solucionar los suyos.
Ahora bien, si en lugar de todo esto, preferimos seguir rasgándonos las vestiduras mientras señalamos con el dedo a un ocasional y conveniente demonio, seguiremos condenados como sociedad a no poder crecer pacíficamente.
O sea, si no corremos el árbol, éste seguirá tapándonos el bosque.
Norman Robson para Gualeguay21

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