Si bien debemos convenir que acá nadie descubrió la américa de los fraudes, el marco vigente de abundancia existente desde hace unos años, de abuso indiscriminado por parte de quienes ostentan el poder, y de impunidad reinante de arriba abajo, destaca las fantásticas operaciones que bien podrían ser envidiadas por el mismísimo Alí Babá y todos y cada uno de sus descendientes.
Es que en todas estas composiciones fabulosas la alquimia delictual surge a partir de un autor intelectual, muy creativo por cierto, de quien brota la brillante idea, y quien siempre encuentra un oportuno actor secundario que muere por pasar al frente gracias a que la suerte y la inescrupulosidad lo bendigan estando en el lugar y momento precisos.
Es en esta primera asociación, tal vez ilícita para algún desprevenido, que comienza a gestarse el más maquiavélico de los planes.
Con el bosquejo del plan, el todopoderoso dueño del circo, amo y señor de todos los negocios habidos y por haber, se suma a la escena con su indispensable participación y sumando, con él, el obligatorio concierto signatario que requiere la materialización de este encuentro de ambiciones.
La excusa o demanda por un lado, y el poder y las firmas para atenderla por el otro, todos dicen que todo está orquestado.
Recién ahí traen la pantalla a escena y comienzan a montarse sobre las tablas la magnífica parodia que les dejará, al cabo de la misma, suculentos premios libres de todo impuesto.
Pero como no existe el crimen perfecto, y el abuso y el empacho hacen que suba menos agua al tanque, siempre aparece algún aguafiestas que boicotea el espectáculo alcahueteando a las togas y frustrando los tan perfectamente soñados planes.
Es que en la avidez fueron burdos y la soberbia les jugó esta vez otra mala pasada.
Por lo pronto, parecería que al dueño del circo no le entran las balas, ya que purgará sus condenas con votos, pero el creativo está al horno y con papas, al igual que los mercenarios signatarios, y aunque el empleado oportunista zafe de todo, su pantalla no, lo cual le costará más caro.
Igualmente, las baldosas dicen que por más que las campanas repiquen y repiquen acá no pasa ni pasará nada, ya que la justicia está entera reservada para las gallinas, lo cual, en definitiva, no importa.
Lo que sí importa es que el aire, el papel y los colores desnuden esta realidad y que, aunque sea mágicamente, surja algún mesías que recomponga las cosas en este reino.
Norman Robson para Gualeguay21

22 enero, 2026 12:27 am/
En horas del mediodía, en el río Gualeguay, a la altura del casino de Costanera, un...

















