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Después nos lamentamos

A mi me enseñaron que mamá y papá son los responsables de una familia, y que ellos, en honor a esa responsabilidad, son los que toman las decisiones más convenientes para sus hijos menores.

También me enseñaron que, cuando mamá o papá, y otros mayores, se desentienden de esto, sea por comodidad, para evitar discusiones, por hacerla más fácil, o por lo que sea, la familia pone en riesgo la integridad de sus menores, que demandan la indispensable guía de los adultos.
O sea, la autoridad y la responsabilidad son indispensables en el seno de cualquier familia.
Por eso me espanto cuando, frente a las consecuencias nefastas que esta conducta tiene en los gurises, mamá, papá o cualquier mayor rechaza su responsabilidad y señala a los propios menores como responsables. Ellos no son responsables, solo pueden ser víctimas.
Los gurises tienen derechos, sí, y uno de estos derechos, sino uno de los principales, es el derecho a ser educados, entendiendo que la educación no se circunscribe solamente a la escuela, sino que involucra, sin excusas, a mamá, papá y cualquier otro adulto de su entorno familiar.
Sabiamente, no hay ningún derecho del niño que lo libere a regir su propia vida, a hacer lo que se le da la gana. No hay ninguno. Mientras sí existen cientos de normas que comprometen a los adultos en esto.
Por lo tanto, cuando mamá, papá o cualquier mayor, neciamente, evaden la responsabilidad de imponer las decisiones más convenientes para la vida de sus gurises, atentan alevosamente contra su desarrollo y sacrifican arbitrariamente su futuro.
Día a día, o a cada rato, somos espectadores de las irremediables consecuencias de esto: menores víctimas en accidentes viales o presos por la droga, como ejemplos extremos de lo que se podría haber evitado, pero también vemos cientos de gurises “liberados” a la vida sin ningún tipo de guía. Manadas abandonadas a la deriva frente a los indiferentes ojos de la sociedad.
O sea, vemos como su futuro, y el de toda la sociedad, se van por la borda sin que nadie haga nada, sin que nadie, siquiera, se caliente lo más mínimo, mientras ellos, impotentes en su ignorancia, mandan señales desesperadas que nadie quiere interpretar, mucho menos reconocer o actuar en consecuencia.
SI las instituciones de la sociedad, sea la Justicia, la Iglesia o la Sociedad Civil, NO INTERVIENEN URGENTE en esto, cuando mamá, papá o los mayores que dicen querer a los gurises se den cuenta de lo que pasa, lamentablemente, SERÁ demasiado TARDE.
Basta de indiferencia. Es necesario y urgente exigirle al estado que adopte medidas concretas y efectivas que ataquen con madurez y responsabilidad esta problemática que afecta a cientos de familias y a miles de gurises.
Duele la realidad, duele de impotencia el poder solo escribirla.
Norman Robson para Gualeguay21

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