La sinrazón, el fanatismo ideológico, el miedo a la libertad… y sobre todo el trago largo que ciertos avivados suelen preparar con estos ingredientes, en una barra bastante alejada de la puerta de salida, siempre resulta caro, aunque lo regalen durante toda la fiesta.
Un grupo de empresarios prebendarios, prefiere la comodidad de presionar políticas de extrema protección, antes que reclamar libertades para competir. Prefieren la complicidad de las coimas y los sobreprecios con la realeza de turno, antes que la licitaciones claras y transparentes.
La corrupción institucionaliza por una realeza que dispone del Estado como suyo, también resulta cara… muy cara. En calidad de vida. Y en vidas robadas por trenes que no frenan al final del andén.
Algún día, cuando los argentinos nos animemos a la libertad, nos daremos cuenta que es ella, y no las ataduras, la que nos hará realmente grandes y poderosos.
Atornillarse a una silla, jubilarse en el mismo escritorio que nos recibió a los 20 años, o tras la misma máquina de empaquetar chizitos, hace que nuestro futuro se vea como un cóndor con chaleco de fuerza.
Claro que la libertad implica riesgos. Implica vencer nuestros miedos. Implica responsabilidad. Implica creer en uno. Implica salir a buscar… y no esperar a que nos lo den. Implica derechos… pero un montón de “malditas” obligaciones.
Las ataduras medievales nos trajeron hasta aquí. Y aquí estamos, la realeza Estatal en sus torres de marfil, repartiendo chalecos de fuerza… para que el futuro de la plebe nunca pueda volar.
Horacio R. Palma
Escribidor contumaz

25 agosto, 2026 7:14 pm/
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