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Entre el “no porque no” y el “si porque si”

Gualeguay, por sus dotes naturales y geográficas, fue bendecida con una hipotética posibilidad de desarrollarse económicamente, una oportunidad de saldar así una vieja deuda con su pueblo, pero…

Pero, como ocurrió en el pasado, el fantasma de la mediocridad volvió a despertar el patético enfrentamiento entre el “no porque no” y el “si porque si” que pretende seguir frustrando cualquier intensión de progreso.

Divorciados del conocimiento, negados a informarse, y menos interesados en informar, los paladines de uno y otro lado esgrimen su ignorancia bañados en soberbia e indiferentes tanto a la trascendencia real de los proyectos como a las urgentes necesidades de su pueblo.

La cuestión es que Don Gualtieri, un controvertido empresario cuya decencia no escapa a la media del empresariado argentino, puso sus ojos en Gualeguay para llevar adelante una serie de proyectos industriales: Una generadora de energía a partir de biomasa y una fábrica de ladrillos de última generación, junto con el dragado del río para su navegabilidad.

Vale aclarar que esta empresa no eligió a Gualeguay por los Bogdan o los Lesca, ni siquiera por los Bordet ni los Frigerio, sino porque en este lugar coinciden atributos que lo hacen el lugar adecuado para desarrollar sus productos: El río, la salida hacia los puertos, la cercanía con los grandes mercados, los recursos naturales, etcétera.

A partir de que estos proyectos tomaron estado público, la mezquindad se alzó en armas y no fueron pocas las voces que rápida y livianamente se pronunciaron al respecto, alentando posiciones infundadas en contra, mientras que, de la otra parte, salieron al cruce con igual ignorancia.

Nuestro tan tristemente famoso “si porque si” contra su similar “no porque no”, gracias al siempre bien dispuesto aparato mediático local, promueven la más profunda incertidumbre en la sociedad sin que casi nadie atine a ilustrar un poco la situación con información verdadera.

Tal es así que ni de un lado ni del otro se han preocupado por informarse fehacientemente sobre las bondades y maldades de los proyectos en cuestión, para así informar a la comunidad, manifestando las reservas u objeciones que se consideren pertinentes, pero siempre en base a información cierta.

De este modo, no se informaron de que el mundo responsable lleva un tiempo comprometido con el medioambiente y con el cambio climático, y que la Argentina se ha sumado por primera vez a este compromiso en el Acuerdo de París.

No se informaron de que en ese marco, la Argentina se comprometió a que, para el 2050, en solo 34 años, toda la producción eléctrica nacional deberá ser en base a energías renovables, razón por la cual se promueven los proyectos de generadores eólicos, solares o en base a biomasa.

No se informaron sobre los detalles técnicos de los procesos que involucra un generador por biomasa en base a producción forestal renovable ni de su impacto social, económico y medioambiental.

Ni siquiera se informaron de las exigencias y garantías que caracterizan a la Ley de Parques Industriales que regula la radicación de estos emprendimientos, con exhaustivos estudios y audiencias públicas, y su funcionamiento, con estrictos protocolos de control.

Claro, cumplir con la responsabilidad de investigar e informarse no es tan fácil como manifestarse con liviandad, y el grado de protagonismo es el mismo.

Mientras que el Gobierno Nacional parece madurar en cuestiones ambientales, es una lástima que, en el territorio, los gobiernos y las instituciones no puedan estar a la altura de ello y se distraigan en enfrentamientos caprichosos que solo apuntan a satisfacer las ansias de vedetismo de sus figuras.

Hoy, lo cierto es que hay una oportunidad que podría beneficiar a los gualeyos, pero ni el gobierno local, ni las instituciones, se molestan en informar con certeza sobre el proyecto y sus implicancias, y optan por tomar posiciones intransigentes solo fundadas en su soberbia mientras el pueblo se debate en la angustiante incertidumbre.

Por lo tanto, si quienes de una forma u otra se deben a la comunidad no son capaces de abandonar sus arbitrarias posiciones para concentrarse en informarse y comunicar con honestidad, todo indicaría que estamos, como siempre, frente a más de lo mismo.

Hoy más que nunca insisto con esto: Así como este presente es merecido producto de nuestro pasado, nuestro futuro lo será de este presente, pues no hay, ni hubo, más responsables que nosotros mismos. Es nuestro deber indelegable imponer a nuestros dirigentes el cumplimiento de sus responsabilidades según nuestros legítimos intereses.

Norman Robson para Gualeguay21

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