El lema: “Madre Tierra, Techo, Trabajo e Integración de los Pueblos”. El 1º se había realizado en octubre del año pasado en el Vaticano, del cual habían participado 150 delegados. Pero en esta oportunidad había cerca de 1.500 personas, miembros de Organizaciones Populares con finalidades y perfiles diversos. Representaban fundamentalmente a tres sectores de los más pobres y excluidos: trabajadores precarizados, desempleados, los que no tienen protección legal o reconocimiento de sus derechos; también de campesinos, los sin tierra, pueblos originarios; y, además, los que viven en los suburbios y en asentamientos informales. También participaron algunas organizaciones sindicales, sociales, ambientales y de derechos humanos. Del Encuentro no fueron parte organizaciones de ayuda a los pobres, sino los pobres organizados para buscar caminos de solución.
Este evento estuvo organizado por algunos movimientos populares, con el acompañamiento del Pontificio Consejo Justicia y Paz y la Academia Pontificia de las Ciencias.
Si bien se realizó en el contexto de la visita de Francisco a Bolivia, el encuentro tuvo expresiones de diferentes etnias, creencias religiosas, ideas políticas, experiencias.
Resonaban permanentemente palabras de Francisco en el encuentro anterior: “¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ninguna familia sin vivienda! ¡Ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo!”.
Un espacio muy importante tuvo la Encíclica que hace menos de un mes nos regaló el Papa, LAUDATO SI’, sobre el cuidado de la casa común. Se escucharon fuertes denuncias de atropellos a las comunidades, a la biodiversidad, al ambiente, a la justicia.
Del viaje realizado por el Santo Padre en esta semana visitando Ecuador, Bolivia y Paraguay (tan testimonial y significativo), quise hoy compartir estas sus reflexiones en la clausura del Encuentro con los Movimientos Populares:
“La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados.”
“¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad? – ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza? Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.”
“Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.”
“Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio –podríamos decir– redentor.”
“Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna.”
“Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!”
“Porque «hemos visto y oído», no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos.”
“La Iglesia no puede ni debe ser ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio.”
“Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos».6 Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.”
Te dejo con estas ideas, sentimientos, expresiones de nuestro Papa que nos invitan a mirarnos como hermanos en nuestra dimensión personal, social y comunitaria.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

8 abril, 2026 11:58 pm/
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