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Fueron siete

Llovizna finito en la mañana porteña. Apenas se despierta el monstruo gris bajo un cielo también gris. Solo se destacan siete impolutas figuras que marchan contrastando contra el gris de las calles. Sus impecables azules, rojos y dorados se destacan contra el agrio paisaje.

Son los siete Granaderos que cada mañana se hacen cargo de custodiar los restos de su General. Son siete, como fueron siete aquellos sobrevivientes de su Ejército de los Andes que recibieron sus restos aquel 28 de mayo de 1880, cuando llegaron al puerto de Buenos Aires, a bordo del vapor Villarino.
Como aquellos últimos siete Granaderos a Caballo, viejos ya, que, por propia iniciativa, vestidos con los restos de sus antiguos uniformes, marcharon a caballo a recibir a su jefe.
Esos siete que escoltaron su féretro hasta la Catedral, y que allí montaron guardia a la entrada del mausoleo durante toda la noche, hasta el amanecer, cuando se despidieron y se perdieron en la historia.
Se perdieron en la historia junto a sus otros setenta compañeros granaderos que, en 1826, regresaron a Buenos Aires después de 10 años sin ver a su familia, cansados, enfermos y andrajosos.
Verdaderos héroes de la Patria que, ignorados, nadie salió a recibirlos, ni los vitoreó en ese regreso que debió ser triunfal. Como premio, días después, aquella gloriosa unidad fue disuelta por el Presidente Rivadavia y su personal distribuido, sin pena ni gloria, entre los diferentes cuerpos del ejército.
Pasaron décadas para que a algún presidente se le ocurriera refundar el Regimiento de Granaderos a Caballo, y que otro presidente decidiera designarlos como la Escolta Presidencial.
Es desde entonces que, cada mañana, llueva o truene, pueden verse los siete granaderos marchar desde la Casa Rosada a la Catedral, donde dos de ellos quedarán montando guardia a la entrada del mausoleo del Padre de la Patria.
Lejos de allí, muy lejos, la fría mañana invernal reúne a un Granadero y a un Patricio frente a un colosal bronce del General sobre su caballo. Llovizna. Entre banderas los acompañan seis referentes militares extraños.
Es en su Memorial en Washington DC, Estados Unidos, donde cada 25 de febrero las Fuerzas Armadas de ese país le rinden a nuestro General un merecido homenaje en un nuevo aniversario de su nacimiento.
Al pie del monumento dice: “José de San Martín, founder of the argentine independence. He led the liberating army across the Andes, and gave freedon to Chile and Perú. His name, like Washington’s, representa the american ideal of democracy, justice and liberty”.
En la Patria Argentina, el Padre de la Patria, en su cumpleaños, no es recordado. Menos es homenajeado. Apenas un feriado celebra su muerte, más como oportunidad turística que como un momento de reflexión civil sobre nuestra historia.
Fueron siete, siete ejemplos que aún se recrean silenciosamente en homenaje al General cada día. Siete bastiones que no solo custodian un panteón, sino que resguardan un pedacito de honor patrio del inescrupuloso avance de la impertinencia.
Norman Robson para Gualeguay21

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