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Habla castellano


Quienes viajan por el mundo, celebran cuando se encuentran a alguien con quien entenderse, y festejan contentos: “habla castellano”. Lo mismo ocurre en la política, donde alguien así festejó la llegada del flamante Jefe de Gabinete gualeyo.

Días pasados asumió en ese cargo el Dr. Casiano Otaegui, hasta entonces jefe de la bancada oficialista en el Concejo Deliberante, donde se destacó, no por su tarea ordenadora o deliberativa, sino por, precisamente, entenderse con el resto del mundo de la política, y tratar de traducir ese entendimiento a su entorno.
Si bien no viene de ese mundo, el veterinario tuvo la inteligencia, y la grandeza, de comprender que no son dioses mesiánicos, sino, muy por el contrario, apenas humanos con un mandato popular efímero durante el cual, para hacer milagros, hay que remar muchísimo.
Ahora habrá que ver como hace, desde ese cargo, para enseñarle castellano a su gabinete, o, por lo menos, hacer que éste entienda lo mínimo e indispensable para evitar que el pueblo gualeyo vuelva al pasado, y lograr quedar en la historia como el principio del cambio.
Su tarea será, definitivamente, faraónica, y, difícilmente, haya aceptado este desafío por el sueldo o alguna otra fantasía urbana, así que solo resta esperar que su entorno, arriba y abajo, se calce los pantaloncitos largos, y se ponga a la altura de las circunstancias.
O sea, luego de dos años, es tiempo de que este gobierno empiece a utilizar el castellano para comprender de qué se trata el asunto, para entender de qué hablan el pueblo y sus referentes, y no creerse que el espaldarazo electoral de las PASO, que seguramente será igualado o superado en octubre, significa un diez felicitado para su gestión.
El pueblo quiere respuestas y confía en que las recibirá, y el idioma de esas respuestas es la política pública, la que debe llegar en términos administrativos, de servicios, de controles y de desarrollo. Es la política la que deberá redundar en una mejor calidad de vida para los vecinos.
Ese es el castellano que parece entender Otaegui, y el que deberá imponerse de acá al 2019. Dos años es nada, el tiempo vuela y la demanda es enorme. No hay tiempo para muchas traducciones, así que, por favor, quien no entienda el castellano, que dé un paso al costado. Caso contrario, que Dios y los gualeyos se lo demanden.
Norman Robson para Gualeguay21

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