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Hasta donde llega un capricho

Mientras Soluciones Ambientales exhibe todas sus habilitaciones y comienzan a conocerse resultados científicos que la liberan de todo cuestionamiento, el intendente y un vecino insisten con su expulsión.

A pesar de contar con todas las licencias nacionales y provinciales que exigen las leyes vigentes, el intendente local, Federico Bogdan, y el controvertido vecino de Carbó, Antonio Ibelli, se han encaprichado en exigir a los gobiernos que expulsen a la empresa de Carbó y, con ese objetivo, estarían pergeñando una marcha con corte del Puente Pellegrini incluido.

Un poco de historia…

Desde el comienzo de su gestión, casi un año atrás, Bogdan declaró la guerra a los Vicino, dueños de la empresa en cuestión, y prometió airadamente que expulsaría a esa empresa de Carbó.

En su procesión de intentos, luego de lograr que se cierre la planta para su evaluación, Bogdan solo logró que tanto Nación como Provincia avalen técnicamente su funcionamiento y el reinicio de las operaciones.

Insinuando una nefasta contaminación de la planta y una supuesta complicidad de funcionarios nacionales y provinciales, Bogdan e Ibelli repudiaron reiteradamente las habilitaciones e insistieron en la expulsión de la planta.

Tal es así que, ahora, mientras Bogdan reconoce que no quiere que “se cierre, sino que se vaya a otro lado”, Ibelli denuncia ante la Justicia al Gobierno Provincial porque pensaron que “la iban a cerrar, pero no hicieron nada de lo que prometieron”.

Es evidente que a ninguno de los dos le interesan las leyes, ni los derechos constitucionales que puedan asistir a la empresa, así como tampoco la fuente laboral de 40 vecinos, pues, según el artículo 14 de la Constitución Nacional, todos los habitantes de la Nación “gozan del derecho de trabajar y ejercer toda industria lícita”, entendiéndose que lícito es todo aquello habilitado por ley.

Y, según lo expresado por Nación y Provincia, esa planta está habilitada.

En este contexto, mientras instalan la discusión ambiental alrededor de la planta de Carbó, la ciudad que sufre los mil aromas se pregunta si esto es a propósito para distraerlos de los impactos de Soychú o, lo que es más grave, del daño ambiental del basural a cielo abierto o de los efluentes cloacales de la ciudad.

Norman Robson para Gualeguay21

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