Cabe recordar que la agenda de una administración es aquella que contiene todos los temas de su responsabilidad ordenados por prioridad y definidos en cuanto a cómo abordarlos.
En nuestro caso, la Administración Bogdan tomará el próximo 10 de diciembre las riendas de un municipio con demasiados flancos en emergencia.
A los efectos de comprender el tenor de la situación, vale recordar el parangón más cercano a esta instancia política.
El intendente saliente, hace 8 años atrás, conformó su agenda en base a una singular decisión estratégica: recortó la ciudad al centro, incluyó solo esa realidad en su agenda, y, a partir de allí, negó sistemáticamente todo lo que ocurriera afuera de la misma.
Esta agenda política, cumplida al pie de la letra, le permitió sostenerse muy cómodamente en el poder a lo largo de sus dos gestiones, explotando presupuestos de valores sin precedentes.
Hoy, el pueblo eligió un cambio.
Por lo tanto, en términos de ese cambio elegido, la sociedad gualeya estaría esperando ansiosa una nueva agenda que ponga toda la realidad de Gualeguay sobre la mesa y se haga cargo de la misma de forma urgente.
Pero nada es fácil en esta vida, y quienes conformen la Administración Bogdan podrán ser buenos, honestos y trabajadores, pero no magos.
El escenario de la emergencia al próximo 11 de diciembre se les presenta complicado.
Una realidad financiera y económica del municipio que promete sorpresas nada agradables conforma el marco inadecuado para comenzar a atajar las clamorosas demandas de la emergencia.
Después de años de indiferencia gubernamental, el pueblo se despertó y quiere el desayuno en la cama, completo, y de inmediato.
Tal es así que, indiferente a la herencia recibida y a los propios corsos, los gualeyos pretenden soluciones inmediatas a sus expectativas.
Los robos y asaltos que se repiten diariamente ya no pueden disimularse más, mientras la falta de trabajo formal y seguro, y el ignorado flagelo de la drogadicción infantil socaban cada día más la integridad de nuestras familias.
Hasta la preocupación por la contaminación de la red de agua potable promete resurgir, como así también la indignación por el ahora reconocido crecimiento diario de ranchos de tarimas y nylon.
El abandono administrativo del hospital, el cual difícilmente sea atendido desde la provincia, se hará presente con fuerza en la opinión pública, al igual que lo hará el ya añoso reclamo en contra del olor a Soychú, a Quimiguay o a las cloacas y el basural, que diariamente invade nuestras casas según sean los caprichos del viento.
Ni hablar del Puente Viejo, que Gualeguay ya quiere arreglado, o de las cloacas a cielo abierto, que ya las quiere tapadas, o del Balneario Municipal, que ya lo quiere abierto, o del Parque Industrial, o del camino a Puerto Ruiz, o del Desvío del Tránsito Pesado, o las Termas, etcétera, etcétera.
Ni hablar cuando llueva.
Como se puede apreciar, las expectativas no son pocas ni chicas.
Para atajar este vendaval, la Administración Bogdan no solo precisa conformar un equipo de gobierno de primer nivel, sino que demanda el concurso comprometido de todas las fuerzas vivas de la ciudad.
No va a ser fácil contener un pueblo despreciado y olvidado con arcas menguadas y sin contar con el gobierno provincial hoy fundido.
Por todo esto es crucial, sino vital, la agenda del futuro gobierno local.
En tal sentido, así como utilizaron la palabra unión en la campaña, después del 10 de diciembre será imperativa su aplicación.
A partir del 11 deberá primar la unión entre todos los gualeyos detrás de la agenda del gobierno local, apoyándolo y asumiendo con él la responsabilidad del cambio.
Norman Robson para Gualeguay21

29 abril, 2026 5:23 am/
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