En función de ello es que se torna necesario promover políticas corporativas para construir una práctica empresarial respetuosa del ambiente.
Si la salud y el desarrollo humano de la población son un objetivo compartido por los distintos actores sociales y si cada vez más sabemos que existen determinantes sociales de la salud, se torna necesario reconocer la relevancia del contexto en que viven los niños y la importancia del ambiente como facilitador del desarrollo y su salud.
Raúl Mercer, reconocido médico sanitarista argentino, señala que la posibilidad de estar sano/enfermo “depende más del código postal que del código genético”. En este mismo sentido, según la OMS “el 24% de las enfermedades a nivel global se debe a factores medioambientales. La cifra se eleva hasta el 33% en el caso de los niños, demostrando el enorme impacto que el medio ambiente puede tener en los niños, en sus expectativas y en su derecho a la vida y a disfrutar del más alto nivel de salud posible” (UNICEF 2013. Los niños son asunto de todos: Manual de trabajo 2.0).
Estos datos marcan la necesidad de mirar y privilegiar a la infancia en nuestro trabajo. Hace unos años, desde Fundación Arcor, postulamos que “La infancia es la medida”, lo cual quiere decir que la situación de los niños puede ser tomada como indicador de cómo estamos como sociedad. Si logramos construir un ambiente en donde nuestros niños estén bien, todos los ciudadanos lo estarán. De esta manera y siguiendo al pedagogo italiano Francesco Tonucci, postulamos que “elegir a los niños como brújula para hacer política y ejecutarla asegura que no solo beneficiará a los mismos niños sino a la comunidad toda”.
La actividad empresarial (como toda actividad humana) genera impactos en el medioambiente. Para gestionar este impacto, las empresas ponen en marcha (o deberían hacerlo) una serie de procedimientos que, articulados en políticas de carácter corporativo, buscan minimizar esta huella sobre el entorno. En este marco invitamos a incorporar la perspectiva del derecho del niño. A la hora de fijar estándares y niveles de emisiones y toxicidad de las actividades empresariales es relevante tener en cuenta “la especial vulnerabilidad de los niños frente a la escasez de recursos, la contaminación y la toxicidad a la hora de evaluar sus impactos sobre la salud y el medioambiente” (UNICEF 2013).
La planificación urbana debería procurar que la ubicación y actividad empresarial se realice fuera de zonas por las que los niños circulan con frecuencia: una escuela, una plaza de juegos. La localización de una fábrica o incluso el recorrido por las principales arterias donde circula la logística de la empresa como también la ubicación de los espacios destinados a la infancia, debe planificarse integralmente. Es importante encontrar puntos de encuentro entre las empresas, los referentes del estado y organizaciones que trabajan con niños para pensar integralmente el ambiente de un modo que resulte favorable al desarrollo de la infancia.
Entonces, si tomamos en cuenta lo señalado respecto que: por un lado, la infancia es más vulnerable a los riesgos ambientales (dada la particular vulneración por encontrarse en desarrollo) y por otro, si tomamos a la infancia como indicador de la comunidad en general, todo lo que hagamos como empresa para ser respetuosos y a favor de los derechos de los niños de vivir en un ambiente saludable, redunda en beneficios para todos.
Finalmente, cabe destacar la importancia de comunicar adecuadamente las medidas de seguridad y protección del ambiente que toman en el marco de su gestión ambiental. Abrir las bases industriales a la comunidad, establecer diálogos con los vecinos, compartir sus políticas y sus saberes acerca del cuidado del ambiente al conjunto de la sociedad permite consolidar el carácter común de la comunidad donde la empresa opera.
Fundación Arcor


















