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Los próceres


A nuestros próceres cuando estaban vivos los desterramos, los exiliamos y los abandonamos, varias décadas después los hicimos bronce y los idolatramos.

Y cuando uno degrada a los próceres convirtiéndolos en un fin de semana largo condena parte de su patrimonio espiritual. No tengo nada contra el turismo, pero no es una buena idea hacerlo a expensas de la falta de memoria y dignidad de aquello que nos dieron ejemplos.
Un pueblo que no venera los ejemplos de sus próceres, no desde la idolatría sino desde los valores que encarnaron, no perdió el pasado, perdió el futuro.
Que la ciencia estudie la historia, mientras la cultura cívica preserva la memoria, ¿por qué? Porque antes de discutir a San Martín, deberíamos saber y repetir las máximas que le enseñó a su hija Merceditas.
Volvamos a los próceres, a los abuelos inmigrantes. Ellos enseñaron con el ejemplo, el valor de la palabra y del sacrificio; nos mostraron que bien vale la pena que uno haga sacrificios para que los hijos y nietos estén mejor.
Rabino Sergio Bergman

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