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Mocos de campaña


Más allá de algún muñeco que pueda sobresalir, en estas elecciones, donde se juega la vital composición del Congreso de la Nación, las disputas no son entre fulanos o sultanos, sino entre el pasado y el futuro, pero no todos así lo entienden.

Para entender esto, aceptemos que, en lo estrictamente territorial, esta vez, la disputa nacional se concentra en lo que ocurra en la Provincia de Buenos Aires, donde la ex Presidente es candidata y se enfrenta contra muñecos de la talla de Randazzo y Massa en el propio peronismo y Bullrich y la Ocaña en el oficialismo.
De este modo, en territorios como el entrerriano, donde ni siquiera nos jugamos una banca de senador, las campañas están sujetas a la suerte de aquellos muñecos bonaerenses y, a lo sumo, de los porteños, restándoles cualquier protagonismo relevante a los fulanos y menganos provinciales.
En este sentido, la pauta de campaña esgrimida desde la Nación apunta sus cañones contra el pasado kirchnerista de las propuestas, pero, en Entre Ríos, en su primera etapa hacia las PASO, no son pocos los mocos que enrarecen el clima en favor del kirchnerismo, pues los fuegos son más entre las tres líneas internas que contra las propuestas K.
“Lo único que se le ocurrió fue entregar la Uader al desguace”, “quisiera que vaya alguno preso, de un lado y de otro”, “Frigerio quiere kirchnerizar a Cambiemos”, “no nos gusta el verticalismo”, “necesitamos legisladores dispuestos a dejar atrás viejas prácticas”, “la verdad me sorprendió semejante alboroto en el gallinero”, “para que Cambiemos funcione se tiene que dejar de lado la obsecuencia”, “no nos gusta la forma de hacer política que ha inaugurado el PRO”, “la UCR no tuvo ningún tipo de participación en Cambiemos”, “hay soluciones que no se están dando”, “no vamos a ir como soldaditos a levantar la mano al Congreso”, “lo que se elige es quien va a ser el quinto diputado”, “nosotros no tenemos ningún titiritero atrás”, “hay un plan maquiavélico pergeñado por el ministro Frigerio”, “me parece que Benedetti le tiene miedo al debate”, etcétera, etcétera.
Como se puede apreciar, estas rimbombantes declaraciones de los muñecos de Cambiemos se alejan del estricto perfil antikirchnerista esgrimido desde lo nacional y se acercan más a un conventillo revisteril de todos contra todos, el cual es ampliamente difundido por los medios provinciales mientras los muñecos peronistas recorren la provincia sin bombos ni platillos, limitándose al mano a mano con los vecinos y a los medios locales.
Cabe recordar que, frente al refrito peronista de Busti y Bordet, Cambiemos, en lugar de aprovechar la oportunidad con una propuesta renovadora y diferenciada, salió con una terna oficial inremable, liderada por un agotado Benedetti secundado por dos desconocidos, y, como si fuera poco, abrió una interna con los radicales de Jaroslasky y con los Pro de Carbó.
De más está resaltar que, frente a esta estrategia, bien potenciada mediáticamente, los entrerrianos deberán optar entre impresentables embajadores del ajuste a quienes no se les cae una idea y los paladines restauradores del despilfarro que prometen volver con sus planes y prebendas.
¿Qué elegirán?
Más allá de esta discutible respuesta, lo cierto es que la creciente antipatía que surge de todos estos mocos, producto de estrategias de campaña equivocadas, no hacen más que espantar votos hacia el cristinismo.
Hoy faltan solo dos semanas para las PASO, y los muñecos del cambio, si no entienden ya que esta campaña interna no puede basarse en la difamación y el descrédito del compañero, sino en propuestas de ideas que expongan a los kirchneristas como referentes del nefasto pasado corrupto de la Argentina.
Si así no lo hicieren, los entrerrianos terminarán prefiriendo relatores conocidos del pasado que mocosos por conocer de la nueva política.
Norman Robson para Gualeguay21

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