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No siempre el campo es salud

“Esos polvos, pulverizaciones y riegos se aplican casi universalmente en campos, jardines, bosques y hogares…; productos sin seleccionar que tiene poder para matar todo insecto, el bueno y el malo, para acallar el canto de los pájaros y para inmovilizar a los peces en los ríos, para cubrir las hojas con una mortal película y para vaciar el terreno…

Aunque el pretendido blanco sea tan sólo unas cuantas malezas o insectos. ¿Puede alguien creer posible que se extienda semejante mezcla de tóxicos sobre la superficie de la tierra sin que resulten inadecuados para todo ser viviente? No deberían llamarse INSECTICIDAS, sino BIOCIDAS“.

“La Primavera Silenciosa” de Rachel Carson, 1960.

La producción agrícola está creciendo significativamente en todo el mundo y se espera que esta tendencia continúe de la misma manera en los próximos años.  Esto obedece a varias razones entre las que se encuentran el uso de nuevas variedades de semillas, el empleo de agua de riego artificial con un uso racional, y el avance en la tecnología en la producción de agroquímicos, cuyo uso es cada vez más frecuente ( especialmente el de los pesticidas y los fertilizantes).

Es de hacer notar que la investigación agrícola, en los últimos años, estuvo dedicada casi exclusivamente al desarrollo de métodos que produzcan un aumento en la producción de materia prima y en la reducción de costos para elaborar esta materia prima. Muy poco y casi nada, las industrias, los gobiernos y todos los implicados en la elaboración de agroalimentos se han preocupado por el impacto que esto ha producido en el medio  ambiente y en la salud de las personas, dado que especialmente el empleo abusivo de sustancias y productos químicos (pesticidas y fertilizantes) contaminan en forma manifiesta los suelos, las reservas de agua, animales y plantas silvestres y por supuesto perjudican enormemente la salud del propio ser humano.

En esta carrera de investigación farmacológica los pesticidas son un grupo de sustancias que incluyen : insecticidas, fungicidas, herbicidas, acaricidas, rodenticidas, que en conjunto suman más de 500 productos activos que a su vez deben ser combinados con sustancias inertes que también tienen su impacto sobre la salud.

Debemos conocer que desde el punto de vista del marketing el tèrmino “pesticida” (exterminador de pestes) ha sido llamado posteriormente “plaguicida” para luego rotar su nombre al de “agente fitosanitario” y últimamente al de “agroquímicos”, por supuesto con el solo fin de no dramatizar y de no asustar a la población con el nombre simple, puro  y rotundo de PESTICIDAS. Estas empresas  que elaboras estas sustancias se presentan ahora en sociedad como “Ciencias de la Vida” queriendo dar un vuelco rotundo a la interpretación de lo que realmente son: simplemente BIOCIDAS.

Si bien es claro que la población de nuestra bendita tierra es cada vez mayor y que por lo tanto es imprescindible la producción de mayor cantidad de alimentos,  también es claro que las empresas dedicadas a la elaboración de agroquímicos tienen como norte el aspecto económico y se rigen cada vez mas por las leyes que impone el mercado, transformando la actividad agrícola en una verdadera actividad industrial. Por experiencia social sabemos que el desarrollo industrial se ha desarrollado en forma tan anárquica que casi permanentemente ha sido ejemplo de imprevisión, desaciertos y daños en lo que se refiere a la protección ambiental y a la salud humana.  

Obviamente no queremos volver a caer en la misma trampa y si bien somos conscientes de la importancia que tiene hoy en día la producción de alimentos también debemos tomar conciencia de la importancia que tiene la contaminación y el daño que produce la implementación de recursos que solo sirven para aumentar la producción sin detenerse a considerar los daños colaterales que esta conducta conlleva.

El objetivo de esta nota es hacer conocer algunos de los daños que los pesticidas producen en el sistema nervioso (sin entrar en detalle en otras patologías como el cáncer, o las alteraciones endócrinas).

Lo más fácil de conocer y de diagnosticas es sobre todo cuando se produce alguna intoxicación aguda, porque en ese momento los síntomas y signos son claros y no hacen dudar, teniendo en cuenta por supuesto que se ha producido una exposición al pesticida.

Sin embargo lo más difícil es relacionar el impacto a largo plazo (crónico) que sobre la salud tienen los pesticidas, ya sea en una sola exposición o bien por exposiciones repetidas, teniendo en cuenta que muchas de las enfermedades pueden presentarse en forma manifiesta luego de varios años.

Loa adelantos científicos en la investigación de las consecuencias de intoxicaciones crónicas han comenzado a aflorar, brindando un nivel de información que hasta hace poco era impensable.

Los pesticidas son evidentemente neurotóxicos es decir lesionan el sistema nervioso central, el sistema nervioso periférico y el sistema neurovegetativo.

Los síntomas más frecuentes de neurotoxicidad en el sistema nervioso periférico incluyen debilidad y pérdida de fuerzas en miembros superiores e inferiores, dolores de tipo quemante, sensación de adormecimiento de las extremidades, calambres, parálisis y temblor. En lo que respecta al sistema nervioso central las complicaciones más frecuentes se centran en los trastornos cognitivos (inclusive demencias de tipo degenerativas), Parkinson, alteraciones en el humor y en la personalidad y en los más niños parálisis cerebral, epilepsia, retardo madurativo,  trastornos en el aprendizaje, síndrome de hiperactividad, etc.

Nuestra Clínica CENER y la Fundación CENER están trabajando en la investigación de las diferentes patologías neurológicas que se manifiestan en aquellos que viven o realizan su actividad laborar en la zona rural, comparándolos  con aquellos habitantes de la zona urbana, y si bien contamos ya con algunos datos significativos se requiere de un mayor tiempo para procesar en forma seria y consciente los hallazgos que se producen.

Mientras tanto apelamos a las autoridades y a los responsables de los tres poderes del estado para que se cumpla el Programa Nacional de Prevención y Control de intoxicaciones por plaguicidas y químicos para uso agrícola.  Es esencial identificar y relevar los factores de riesgo para la población, poner en marcha las Unidades Centinela de Vigilancia, promover estudios epidemiológicos sobre la incidencia de distintas enfermedades como por ejemplo tumores y malformaciones congénitas, fortalecer los centros de información , asesoramiento y asistencia toxicológica, pero fundamentalmente promover la participación de los distintos sectores sociales .

De una vez por todas debemos tomar conciencia de que todo lo que nos rodea no es bueno y dejar de creer a rajatabla que el “aire libre” siempre es bueno cuando nunca nos preocupamos porque así lo sea.

Sin duda y a título personal pienso que no hay mayor felicidad que poder vivir y disfrutar el campo, pero luchemos para que la naturaleza nos devuelva lo mejor de ella y no reaccione contra nosotros por nuestra continua agresión.

Dr. Santiago Sanfilippo, Presidente de la Fundación CENER

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