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Parece mentira

Después de dos años de laburo legislativo, uno en comisión bicameral, un viaje en masa a Córdoba, y una gran cantidad de horas hombre de las bien caras, la Ley de Narcomenudeo va a ser una realidad, pero, como siempre, una realidad insuficiente.

La cuestión no era para menos, merecía todas las fichas, pues la droga en Entre Ríos llevaba años comprometiendo a la familia entrerriana sin que el Gobierno tomara consciencia al respecto, y, por lo tanto, la situación exigía un freno.
Tanto fue así que, en el proyecto original, la ley establecía la adhesión a las diferentes normas nacionales, a la vez que creaba, para ello, una infraestructura judicial específica destinada a atender estos casos.
De este modo, preveía, en su articulo 6, la creación de 3 cargos de fiscales para Paraná, 2 para Concordia, 2 para Concepción del Uruguay, y 2 para Gualeguay-Gualeguaychú, más 5 cargos para técnicos forenses. Todos para atender las denuncias de narcomenudeo.
Si bien esta estructura aún la dejaba lejos del exitoso modelo cordobés, por lo menos ofrecía el recurso humano especializado mínimo indispensable para arrancar con la aplicación de la nueva norma.
Lamentablemente, a pesar de haber estudiado largamente el proyecto en cuestión y la realidad donde se desempeñaría, y a pesar de haber chequeado en vivo y en directo los resultados obtenidos en Córdoba, el artículo 6 se perdió en el camino.
¿Las razones? Vaya uno a saber qué motivó a los legisladores a limitar el impacto de la flamante ley. Vaya uno a saber cual sería la estrategia a aplicar instruyendo todo un nuevo modelo sin dotarlo de los recursos mínimos necesarios.
Lo cierto, e indiscutible, es que las ya insuficientes infraestructuras judiciales y policiales deberán enfrentar, a partir del mes próximo, las exigencias de un nuevo modelo de lucha contra el narcotráfico solamente con lo que tienen.
O sea, la flamante Ley de Narcomenudeo, al cabo de una costosísima elaboración legislativa de casi dos años, nos da la oportunidad de luchar contra el flagelo que liquida a nuestros gurises, pero no nos da los recursos indispensables para lograrlo.
Solo queda preguntarnos, y preguntarles, si pudiéramos, qué los motivó, cuáles fueron sus argumentos para remover el artículo 6, y, sea cual fuera la respuesta, preguntarnos, y preguntarles, de qué sirve una norma que no podrá aplicarse en un ciento por ciento.
De una u otra manera, en marzo arranca la Ley de Narcomenudeo, y todos podremos denunciar todo lo que sabemos. Podremos apuntar, señalar, desnudar la realidad que todos conocemos.
Pero, esta vez, si surge una excusa, no será la ley, sino las carencias, las incapacidades, y las insuficiencias. Entonces, deberemos apuntar y señalar para otro lado, y desnudar la realidad de que a esta ley la privaron de los recursos necesarios para ser aplicada.
Parece mentira que siempre falten recursos y sobren justificaciones para defender a nuestra infancia de la droga. Parece mentira.
Norman Robson para Gualeguay21

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