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Sed de revancha


Desde los comienzos de la historia de la Humanidad, el Hombre, ante un Crimen, clamó, exigió y aplicó el ojo por ojo como ejemplar Castigo, y, para ello, siempre se las ingenió para tener un sistema de Justicia que así lo cumpliera.

Los siglos pasaron, el músculo se hizo motor, el fuego microondas y el humo whatsapp, pero nuestras más instintivas miserias prevalecieron intactas. Contra éstas, el Hombre, al civilizarse, ha producido cientos de libros de normas que regulen su convivencia, dispongan los castigos a quien las viole, y contengan esa sed de revancha que les despierta un crimen, evitando así que se cometan injusticias.
De este modo, el Hombre creó para sí la República, donde el marco de convivencia es la Ley y quien la imparte y garantiza es la Justicia. Pero, a pesar de esto, el Hombre no pudo anular su sed de revancha, sino que la blanqueó y, más tarde, hasta la disfrazó, para contenerla.
O sea, frente al Crimen, la Justicia del Hombre, a través de su Ley, le aseguró al Hombre que el criminal sea castigado en la justa medida, y, para evitar injusticias, el Hombre dispuso que todos sean inocentes hasta que la Justicia demuestre lo contrario en un Juicio justo.
Lamentablemente, a pesar de la Civilización de la Humanidad, en algunas sociedades retrasadas, aún prevalece el prejuicio liviano y apurado, y las condenas las aplica el Hombre sin esperar a la Justicia y, lo que es peor, indiferente a lo que ésta pueda llegar a decir, poniendo como excusa que la Justicia ya no le resulta confiable.
Estas sociedades están expuestas a cargar, no solo con su consciencia por la injusticia imperante, sino, también, con el caos que provoca el predominio de los instintos, el cual promueve el irrespeto a las reglas y la naturalización de la impunidad. Básicamente, esto es lo que diferencia a las sociedades maduras de las que no lo son.
Por lo tanto, en estos casos, donde al Hombre no le resulta confiable el sistema de Justicia, sea por sus normas o por sus componentes humanos, no por ello debe restarle respeto, sino que, más que nunca, debe imponerle que cumpla con su debido rol, el cual no solo es impartir Justicia, sino, de igual modo, transmitir la confianza y tranquilidad de que hace Justicia.
De este modo, la sociedad podrá sufrir un acto de injusticia, pero será aislado, tal cual ocurre en los Estados más maduros, pero no será dominada por sus instintos, ni por su sed de revancha, sino que logrará vivir en un sistema justo, donde la Justicia imparta Justicia y los ciudadanos vivan en paz al amparo de la República. O sea, en los Estados maduros, la gente no prejuzga, espera a la Justicia, porque ésta es justa y en ella confían.
Por lo tanto, cuando desconocemos los hechos y no tenemos certezas, sino que solo tenemos intuiciones, y no solo no podemos condenar ni absolver a nadie, sino que tampoco podremos celebrar la Justicia, debemos exigir de la Justicia la tranquilidad de que se hace Justicia.
Definitivamente, yo quiero Justicia, pero, también, quiero dormir tranquilo sintiendo que la Justicia es justa. Yo no puedo, por más que lo intuya, condenar sin certezas, y menos tengo sed de revancha… y Ud?
Norman Robson para Gualeguay21

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