Para esto, registramos hechos y acontecimientos, entrevistamos a los protagonistas, e investigamos situaciones, para luego convertir todo eso en contenidos comprensibles de forma de que puedan difundirse por medios gráficos, radiales, televisivos y digitales.
Es por eso que los periodistas nos debemos a la verdad y a nuestra comunidad y, a la vez, tenemos el supremo derecho de ejercer nuestra labor en total libertad.
Es por eso que somos independientes, a pesar de que algún insolente indecente pretenda instalar lo contrario para imponer su juego particular.
Del mismo modo, también les recuerdo que, como contraparte de nuestra actividad, están los protagonistas de la realidad, quienes, como primera medida, tienen por deber el respetar nuestra labor, y, si no pueden colaborar con ella, jamás deben pretender impedirla.
Ahora bien, cuando esta contraparte no respeta a los periodistas, o, lo que es muchísimo peor, no comprende la importancia trascendental que hoy tiene la comunicación, todo comienza a complicarse.
Y más se complica si, encima de eso, como muchas veces pasa, culpan a los periodistas de esta complicación, solo para así poder encubrir su incompetencia o inhabilidad para comprender y manejar la información.
Y más aún se complica si, como ha sido costumbre en el pasado reciente, pretenden descalificar al periodista, o excluirlo de agenda, o, simplemente, coartarle la información, ya que eso no solo es ilegal, sino que, también, es estúpido, pues la historia demuestra que nunca dio resultado y las mentiras tienen patas cortas.
Por tal motivo, en esta semana donde todos tan livianamente van a “recordar”, “conmemorar” y “honrar” a los periodistas, sería bueno que todos repiensen el papel de estos en sus vidas y se hagan cargo de lo que les corresponda, pues difícilmente pueda darse una convivencia pacífica y madura entre unos y otros si entre unos y otros no prima el respeto mutuo.
Norman Robson para Gualeguay21


















