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Un día raro

Tal vez por ser contemporáneo, por haberlo vivido, por haber sido espectador inocente e ignorante, el 24 de marzo me despierta sentimientos raros. Tal vez por eso no siento que tenga que ver con la memoria, ni con la justicia, ni, mucho menos, con la verdad. Tal vez porque no me la contaron.

Reconozco íntimamente la existencia de una guerra civil, desatada por hermanos y consumada entre hermanos. La viví. Una guerra como todas, por poder y dinero más que por ideas. Una guerra de diez años, del 73 al 83, donde no encuentro diferencias de un año al otro. Siempre la rebeldía contra la república , y siempre la sangre de infelices de uno y otro lado, y de inocentes que estaban en el medio.
Fui testigo, tal vez por eso. Vi con mis propios ojos la sangre injusta corriendo por la cuneta de una calle del centro porteño. Vi el atropello verde, así como sufrí el abusó azul. Pero también vi la impiedad encapuchada, de seudónimo y falso rango militar, reventar por los aires la inocencia. Hasta presencié los enfrentamientos en Rosario. Todo mucho antes y mucho después de aquel 24 de marzo del 76.
Tal vez por haber sido testigo, esta fecha se me antoja rara. Porque la memoria debe ser entera, no parcial o conveniente, porque la verdad es una y no muchas, y porque la justicia nunca estuvo presente, ni en aquel entonces, ni hoy.
También se me antoja rara por el sentido que le han dado las vedetes de siempre, explotando esos soberanos valores para dividirnos, para enemistarnos, para alimentar una grieta que nosotros mismos creamos para hacerle el caldo gordo al poder de siempre. Dividirnos, de un lado detrás de los cobardes que sobrevivieron de un lado, y del otro, detrás de los otros cobardes, los del otro lado. Unos y otros enriquecidos ayer y hoy gracias a la división.
Claro. Por eso se me hace rara esta fecha, porque la viví, y porque hoy a entiendo, y no comparto la hipocresía de hablar de 30 mil desaparecidos, como si una cifra agravara una responsabilidad y aliviara la otra. Porque no creo en desaparecidos, sino en víctimas, las inocentes y la no tanto, que eran de un lado y del otro.
Ojalá llegue el día en que en esta fecha todos hagamos memoria, completa, no de la selectiva. Ojalá, ese  día, reconozcamos todos la verdad, la que obedece a la realidad, no a lo que nos conviene. Y, ojalá, ese día, comencemos todos a recorrer un camino de justicia, justicia de verdad, un camino de justicia para con nuestros hijos, quienes no merecen el futuro de odio y desencuentro que pretendemos heredarles.
Norman Robson para Gualeguay21

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