En la mañana de ayer, su dueña la dejó atada, como de costumbre, a la entrada de un conocido supermercado de calle Primer Entrerriano. Al salir, horrorizada, descubrió que Guada no estaba. Como se trata de una bastarda, cero genética conocida, mediana de pelo negro y corto, algo amorfa, y, encima, rosarina, descartó de entrada el robo. Nunca imaginó lo que le habría pasado.
A partir de detectada su ausencia, las alarmas se dispararon. Si bien sabe volver sola a casa, y estaba relativamente cerca, los minutos pasaban sin aparecer, y aumentaba la preocupación, aunque nadie podía imaginar lo ocurrido.
La dueña convocó amigas, algunas a pié, otras en bici y otras en auto, salieron a recorrer la zona, plaza Constitución, calle San Antonio, Primer Entrerriano, lo Colman, etcétera. Y nada. Desalentadas, tristes y preocupadas, se encontraron en la puerta de casa. No sabían qué hacer. Qué le había pasado a Guada. No faltaba quien pensara lo peor.
Fue entonces que apareció la pequeña perrita por la esquina, a paso cansino aunque todavía moviendo la cola. Transpiraba estrés. Sus ojos hablaban solos. Al ver a su dueña, apuró temblorosa el paso hasta llegar junto a ella, quien la abrazó llena de alivio. Guada estaba viva. Pero había sido desvalijada.
Sí. Le habían robado todas sus pertenencias: Collar, un huesito con su nombre, la correa roja que tanto quería, y su arnés había sido forzado, pero se ve que no pudieron sacárselo.
Se desconoce si hubo denuncias, pero la familia advierte a la comunidad que la inseguridad no tiene límites en Gualeguay. Ni límites de lugar, ni de hora, ni de víctimas.
Gualeguay21


















