En política, y en esta parte del mundo, todo parte de premisas tan fundamentales como indiscutibles: Una es que gobernar una comunidad es administrar sus patrimonios, ordenar su convivencia y desarrollar el bienestar de sus habitantes de acuerdo a un plan y objetivos consensuados. Otra es que Gualeguay no ha sido gobernada por décadas, y, por ello, perdió su rumbo, se despilfarraron sus patrimonios, inpera el desorden, y quedaron postergados todos los derechos de sus vecinos. Y una última premisa es que el mundo cambia rápidamente, y hay que cambiar a su ritmo. Así que hay mucho por hacer, y urgente.
Ante todo, vale señalar que no creo más en las ideologías, sino que solo creo en la realidad, y en las necesidades y oportunidades que esta propone en pos de la justicia. Creo que, a lo largo de la historia, los distintos poderes políticos de turno han utilizado las ideologías para dividirnos y someternos en su beneficio, nunca en beneficio del pueblo. No creo más en la política vieja, ni creo que ésta pueda ser capaz de gobernar y llevar a nadie a una mejor realidad.
Para gobernar bien, creo que es fundamental, aparte de una carta orgánica, un nuevo organigrama y un plan de gobierno, contar con un equipo de media docena de personas capaces, honestas y comprometidas, que no estén interesados en enriquecerse a costa del estado, sino que quieran trabajar en beneficio de la comunidad. Un grupo que esté convencido de que la política es la única salida para la comunidad, y de que esta esté en las manos de gente de bien.
Dicho de otra forma, creo que Gualeguay necesita urgente un nuevo orden político, económico, social y cultural, adaptado a la nueva realidad, y creo que los improvisados de siempre, solo interesados en su progreso personal, no califican para ello.
Creo que para este cambio, para empezar, es indispensable, de una vez por todas, contar con una carta orgánica municipal, postergada por décadas por ser inconveniente para la casta política. Con ella, se podría reafirmar el carácter democrático, participativo, representativo y republicano del orden; se podría garantizar la ética pública; y, en especial, se podría consolidar la autonomía de la ciudad: administrando todos sus recursos propios, gestionando todos los servicios públicos, y dictando sus propias normas de acuerdo con su realidad particular.
En la práctica, esto sería concentrar todo el quehacer del territorio bajo el gobierno local, incorporando una injerencia cierta y concreta, en el territorio, en la salud, en la educación, en el ambiente, en la seguridad y en la justicia, pautando las políticas territoriales de cada servicio, y de todo el quehacer público.
Creo que luego también es imprescindible un nuevo organigrama, con secretarías de Gobierno, de Servicios Urbanos, de Desarrollo Económico, de Desarrollo Social, de Administración, de Educación, de Salud, de Ambiente, de Justicia y de Seguridad. En otros términos, se trata de incorporar responsabilidades pero manteniendo o reduciendo la estructura. Por ejemplo, a las cinco secretarías tradicionales se les da un nuevo ordenamiento, y se le suman las cinco nuevas, con sus responsabilidades planteadas en la carta orgánica.
Por ejemplo, el director del hospital, la directora de escuela y el jefe de policía son nombrados por consenso entre la provincia y la Municipalidad según su proyecto de gobierno, mientras que se acuerdan lineamientos con Ambiente provincial y el Superior Tribunal de Justicia.
Por último, y no menos importante, es indispensable un detallado proyecto de gobierno en consenso con los ciudadanos, y un equipo apto y comprometido que lo lleve adelante, de modo de no seguir improvisando detrás de discursos basados en falsas promesas. De ese modo, a partir de las necesidades y expectativas accesibles según los desarrollos sociales y económicos, se podrían diseñar, proyectar y ejecutar las distintas medidas, acciones, estrategias y politicas que sean necesarias.
Por otro lado, creo que, al mismo tiempo, es importante trabajar en reforzar la identidad cultural y promover un cambio de cultura hacia compromisos e intereses comunes. Terminar con la indiferencia o abulia política, y promover una mayor participación real y genuina, a la vez que se deberá ir restaurando o recuperando el respeto por la institucionalidad, por los valores y por el trabajo.
Creo que, con estos recursos, se puede restaurar el orden, retomar el progreso, y lograr una administración eficiente y efectiva. Esto significaría que los individuos y colectivos puedan vivir en paz y desarrollarse en una ciudad que seduzca por linda y conveniente.
En síntesis, hay muchísimo por hacer, y hace falta gente capaz, honesta y comprometida con Gualeguay que quiera trabajar para hacerlas, pues nadie de los que estuvieron, o parecidos, lo hará, y los gualeyos seguiremos perdiendo. Eso es lo que creo y no creo, lo cual no hace más que comprometerme.
Norman Robson


















