A fines de la semana pasada, una enfermera de oncología del Hospital San Antonio estaba preparando un cóctel de medicamentos en la cuestionada “campana” y explotó una ampolla con medicamentos produciéndole quemaduras en el rostro. Cabe recordar que se trata del equipo que enfermeros y pacientes hicieron una campaña para arreglarlo y el director les salió al cruce para impedirlo sino serían sancionados. Por desgracia, no sería el primer accidente, aún nada se ha resuelto, e impera el miedo a hablar.
Tal como se conoció semanas atrás, para los tratamientos oncológicos, en el nosocomio local, se utiliza, o se debería utilizar, una “campana”, técnicamente llamada “cabina de seguridad biológica clase II tipo B2” donde se manipulan los medicamentos de forma segura. Se trata de una mesa de trabajo bajo una campana, con luz UV, filtros HEPA para el aire de entrada como el de escape, y presión negativa.
Pero la “campana” del hospital local es obsoleta, o no sirve, o lo que sea, pero no asegura la manipulación de los medicamentos que son peligrosos para quienes los utilizan.
Cuando a mediados de mayo, viendo que la dirección no daba una solución, un grupo de enfermeras y pacientes salieron a hacer una campaña para recaudar fondos para arreglar o cambiar dicho equipo, el Director, Dr. Mauricio Besinsky, se ofuscó, advirtió a su personal que si continuaban con esa campaña tomaría medidas, y el grupo devolvió lo recaudado.
Igualmente, una enfermera que estaba al frente de ese grupo pudo conversar con legisladores y concejales para transmitirles la grave realidad de la situación.
Ahora bien, a pesar de todo eso, y de conocida la urgencia y gravedad del caso, ni el responsable del nosocomio, ni los “supuestos legítimos representantes del pueblo”, hicieron algo, y se continuó trabajando precariamente y en peligro cierto.
El pasado viernes, una enfermera, mientras preparaba un tratamiento oncológico para un paciente en la mencionada “campana”, se le reventó una ampolla de medicamento en el rostro. Precisamente, es para evitar esos daños que están diseñados esos equipos. Como consecuencia de eso, la joven sufrió quemaduras de distinto tenor y no habría sufrido daños a la vista.
Enterado de esto por un paciente ocasional, Gualeguay21 salió en busca de precisiones de lo ocurrido, lo cual resultó bastante difícil por el temor de los empleados a hablar, algo propio de otras épocas, no de éstas.
Lamentablemente, ni los tiempos, ni las ganas, de quienes están al frente de nuestra salud pública parecen ser los que exigen el deber y responsabilidad asumidos y por los cuales se les paga. Apenas otra miseria más que nos toca sufrir a los gualeyos.
Norman Robson para Gualeguay21


















