Para cualquier ciudad, su infraestructura de provisión alimenticia es importante, no solo por un abaratamiento de los costos, sino, también, por una sanidad más segura, en particular en las cadenas de productos perecederos, las cuales sufren el estrés de los traslados y los cambios de temperatura. Por tal motivo, resulta estratégicamente valioso para una comunidad contar con establecimientos del último eslabón de la cadena, previo al minoreo, debidamente auditados en términos sanitarios. Eso define su política alimentaria.
En el caso de Gualeguay, ésta ciudad contaba con una planta de la Municipalidad preparada solo para faenar vacunos, y el concesionario actual, con su inversión y riesgo, la puso en valor adaptándola para faenar también ovinos y exportar, con una rígida fiscalización sanitaria de tiempo completo. Se trata de controles desde el origen, pues se proveen de animales registrados cuando nacen, y que cumplen con todos los controles hasta su transporte en pié, hasta su faena, cadena de frío y reparto, en estrictas condiciones higiénico sanitarias.
Cabe remarcar que, hasta el año pasado, no había en la región una planta de este tipo ofreciendo una salida al rodeo ovino, y Gualeguay cuenta con una preparada para exportar y con proyectos de inversión en líneas de cortes y elaborados como hamburguesas.
Ahora bien, a pesar de toda esta ventaja competitiva para la salud y beneficio de los gualeyos, quienes cuentan con un frigorífico propio con proyección a futuro, a la ciudad ingresa carne faenada en establecimientos de afuera, pero algo de esta no apta, lo cual se puede apreciar solo cumpliendo con la simple verificación de la temperatura (7 grados máximo) y observando el aspecto organoléptico de los productos (color y humedad). Una tarea que no está siendo debida y efectivamente cumplida por los controles públicos.
Pero es mucho más grave que, también, ingrese al mercado local un importante volumen de carne faenada en el campo, de productores marginales e informales que se resisten a “blanquear” su producción y cumplir con los requisitos sanitarios y fiscales. Las condiciones de esta carne son mucho más preocupantes.
De esta forma, la realidad actual del comercio y consumo de carnes rojas en Gualeguay está comprometida, ya que se están violando las garantías sanitarias propias que ofrece el sistema de seguridad alimentaria que rige en la Argentina.
Al mismo tiempo, ese volumen de carne marginal no paga ningún tipo de tributo, razón por la cual su comercialización en comercios locales afecta negativamente las arcas municipales, de modo que atenta, también, contra la economía de los gualeyos.
En síntesis, en Gualeguay, a pesar de contar con una planta habilitada por Senasa para faenar vacunos y ovinos con tránsito federal y apta para exportar a terceros países, gran parte del consumo de estos productos proviene de faenas en el campo o en plantas no adecuadas, e ingresan a la ciudad sin ningún tipo de control sobre su temperatura o su higiene, poniendo en riesgo la salud y el bolsillo de la ciudad.
Por otro lado, también es necesario contemplar que la realidad económica y la dimensión de los rodeos de muchos productores, en especial de ovinos, no les permite afrontar los costos de blanquear sus producciones. Al mismo tiempo, se han acostumbrado a darle salida a sus animales de forma informal, pues hace décadas que tienen una alternativa formal.
Conclusión
Para resolver este problema es necesario, primero, y, tal vez, lo más complicado, que el Estado, Municipalidad y Provincia, articule un acompañamiento técnico y financiero a los productores para la formalización de sus rodeos y su comercialización en blanco, y, porqué no, su inscripción como faenadores.
En segundo término, es preciso que la Municipalidad cumpla estrictamente con sus deberes de prohibir el ingreso a su mercado de toda mercadería que no cumpla con las leyes sanitarias, y de cobrarle las tasas correspondientes a todos aquellos que ingresen carne. De este modo se mejorará la calidad del consumo, se beneficiarán las arcas comunales, y se establecerá en el mercado un marco de leal competencia.
Norman Robson para Gualeguay21


















