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Algo de memoria a solo tres años de la peor crisis sanitaria de la historia

Ante los datos que el Ministerio de Salud había informado sobre que, desde el 3 de marzo, se habían registrado en el país casi 100 infectados y tres de ellos habían muerto, en la noche del 19 de marzo del 2020, el Presidente de la Nación anunció el inicio, a la medianoche, del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). Desde aquel momento, la sociedad argentina iniciaba una etapa de incertidumbre, angustia y miedo sin precedentes, al igual que comenzaban tiempos de indignación por las injusticias y negligencias de quienes debían controlar la situación. Hoy, a tres años, algo de memoria.

Un 20 de marzo como hoy, hace 3 años atrás, un DNU, el famoso 297, determinaba el encierro de todos los argentinos para evitar el contagio, pero una semana antes, el 13, Gualeguay ya había inaugurado las estadísticas entrerrianas con el primer caso positivo: un joven vecino llegado de Europa. Desde entonces, en Gualeguay, se registraron casi 7 mil casos positivos, unos 200 mil en la provincia, y 8,8 millones en el país. De éstos, fallecieron 125 mil en el país, unos 2.700 en la provincia, y más de cien en nuestra ciudad.

Fueron épocas de intenso estrés y nerviosismo, de dudas y miedos, de dramáticos desenlaces que muchos hoy aún no pueden superar. Épocas en que muchos fueron privados de su libertad, y, quienes no, fueron condicionados o limitados. Familias sin verse, negocios cerrados, ingresos suspendidos, y partidas sin despedidas, mientras la tele, o la radio, daba al momento el parte de infectados y muertos por el temido coronavirus.

Fueron épocas de barbijo, de turnos adelantados o uno por vez, de alcohol en gel, de imprescindibles, de lávate las manos, de distancias sociales, de contactos estrechos, de síntomas confusos, y de psicosis colectiva, en las cuales todos aprendimos qué era un virus. Épocas en que el miedo nos enseñó respeto. 

Fueron épocas de trabajo espaciado y de esparcimiento reducido a nada, de vacunas como sinónimo de esperanza, de pases sanitarios y controles callejeros en un vano intento de evitar contagios, de afectos y negocios por zoom. Épocas en que aprendimos a comprar y a amar por whatsapp, épocas de una gestión digital que llegó para quedarse.

Fueron épocas de violaciones al DNU, de necias indiferencias, de denuncias y escraches, de discordia convertida en violencia, de fiestas clandestinas, de encuentros prohibidos, de leyes para unos y no para otros. Épocas en que el primer detenido fue en Gualeguay, a la hora de estar en vigencia el decreto. Épocas en las que las más crudas miserias humanas salieron a la luz.

Fueron épocas de profundo dolor, de adioses a distancia, o en silencio, de lágrimas detrás de los vidrios de una terapia, de partidas abruptas, e inesperadas. Épocas en que muchos se fueron. “Se lo llevó el covid”, recordamos hoy.

En ese contexto, Gualeguay llegó a ser declarada zona de transmisión comunitaria en octubre del 2020, y así duró hasta que, casi un año después, en septiembre del 2021, dejó de ser zona de alto riesgo. Desde ese momento, rápidamente, todo fue volviendo a la normalidad, y los resfríos volvieron a ser solo eso: resfríos, y los barbijos terminaron en los tachos de basura. También la política volvió a sus campañas, y cualquier proyecto de salud pública volvió al cajón de los pendientes. A cambio, desempolvar las eternas promesas proselitistas.

Hoy, a tres años, la memoria colectiva quiere rechazar aquellas épocas, pero no podemos olvidar, ya que la naturaleza nos adelantó qué es lo que puede pasar.

Norman Robson para Gualeguay21

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