Argentina frente a un nuevo y urgente modelo social

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El modelo social populista que imperó en la Argentina durante las últimas décadas, donde los individuos fueron considerados sujetos de derecho, fracasó estruendosamente, pues los individuos nunca lograron acceder realmente a sus derechos, ni abandonaron su estado de vulnerabilidad, y siguieron excluidos del sistema. Frente a ésto, y la gestación de un nuevo escenario, es necesario y urgente diseñar un nuevo modelo en el que imperen garantías ciertas de los derechos.

En este nuevo modelo las garantías deben estar acompañadas de estrategias, herramientas, aprendizajes, etcétera, que al sujeto le den la oportunidad y los recursos para aprovecharlas para construir su propia realidad, digna y de calidad, como individuo y como parte de una comunidad.

El modelo de Estado paternalista ideado por un mal entendido progresismo quedó en el pasado, pues nunca pudo garantizar todos los derechos que promovió y éstos solo quedaron plasmados en fotos y discursos como meras promesas incumplidas. Pero lo peor es que generó, en muchas situaciones, una mayor exclusión, nuevas vulnerabilidades y la incapacidad de construirse una vida de calidad.

Por ejemplo, en educación, el Estado aseguró el acceso a escuelas y pupitres, pero no pudo enseñar; en lo habitacional, entregó viviendas, pero no supo convertirlos en hogares; y en salud, se construyeron salas y centros, pero no se construyó sanidad; mientras que, en seguridad y justicia, no alcanzó a hacer lo mínimo, solo por mencionar unos pocos derechos básicos. Siempre se actuó desde la urgencia, y nunca desde la prevención y la reparación.

Dicho de otra manera, repartió pescado, pero no enseñó a cocinarlo ni repartió cubiertos para comerlo, y, para peor, tampoco repartió cañas y a nadie le enseñó a pescar. El “sujeto de derecho”, su “garantía de accesibilidad” y su “inclusión” quedaron en la intención. O sea que no alcanzó con el verbo garantizar, porque no se hizo nada para cumplir con esas garantías. El Estado no cumplió, sea por no querer, o sea por no poder, pero tampoco lo acompañó nadie. Nunca nadie se ocupó de consolidar esos derechos.

Es fundamental, desde un concepto progresista genuino y moderno, no solo poder ofrecer escuelas y pupitres, sino que es preciso imponer la cultura de la educación, creando accesibilidad concreta y brindando conocimientos a la altura de las circunstancias, de forma que los sujetos puedan ponerse en valor.

Es fundamental, no solo construir viviendas, sino que es preciso poner al alcance de éstas las prácticas y herramientas que puedan convertirlas en hogares, y que las familias logren merecidos estándares de vida.

Es fundamental, no solo una red de efectores de salud al alcance de la gente, sino que es preciso llegar hasta los hogares con la formación y los servicios sanitarios adecuados que permitan un mayor grado de sanidad, mediante prevención y cuidados.

Es fundamental, no solo que existan las agencias de seguridad y justicia, es preciso que estén al alcance de quienes las necesitan, tanto en lo físico geográfico como en lo intelectual, protegiendo e instalando conciencia de derecho. En particular cuando hablamos de infancias vulneradas que son las más afectadas en verdaderas tierras de nadie.

Es fundamental lo mismo en el empleo, en medioambiente, en convivencia, y en todas y cada una de las formas en que accedemos a nuestros derechos.

No es un título o un discurso, se trata de un real acceso a través de herramientas y estrategias genuinas que posibiliten a cada persona transformar su realidad y lograr la calidad de vida que estén dispuestos a lograr.

En síntesis, se trata de convertir aquellos sujetos de derecho en sujetos de cambio para mejor, sujetos de transformación o superación a partir de brindarles oportunidades y herramientas genuinas. Se trata de generar y promover una cultura sustentable de calidad de vida que termine definitivamente con la vulnerabilidad y la exclusión.

En definitiva, la agenda criolla nos impone hoy atender la injusticia de que un argentino esté condenado según de quiénes nazca, dónde y en qué circunstancias. Para resolver eso, es indispensable replantear, no la solución, sino los métodos. La inclusión y la calidad de vida para todos por igual no se discuten, si debemos reformular las formas de garantizarlas.

No va a surgir de entre estas líneas la solución a tan complejo problema, pero sí podemos concluir que se trata de un tema que requiere un análisis tan profundo como urgente, que debe ser el objetivo final una calidad de vida digna de base para todos los individuos por igual, y que, más allá de las técnicas, eso se logra con mucho trabajo social. Sin dudas, se trata de políticas de Estado resultado de un profundo compromiso con la sociedad y con su futuro, algo que cuesta mucho ver hoy.

Norman Robson para Gualeguay21

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