El carnaval local, bajo el título Corsos de Gualeguay, es un espectáculo que, a pesar de todo, sigue cautivando al público, principalmente propio, y hace honor al mote del más divertido del país. Pero, lamentablemente, no es indestructible, y viene sufriendo desgastes que lo han degradado año a año, aunque sepultados bajo miles de tarros de espuma. Claro, la fiesta disimula la realidad, y eso agrava la situación, pues impide ver el monte detrás del árbol. A continuación algunas preocupaciones que quedan una vez removida la espuma.
La edición 2025 del carnaval local, por tercer año consecutivo, fue acompañada por el clima el cien porciento de las noches programadas, y, sobre esa casualidad, y algunas postales, quienes se arrogan la obra construyen su éxito. Después vendrá el balance, el cual en nada determinará si la temporada fue o no un éxito. Acá se trata de mirar hacia adentro y, desde allí, hacia adelante.
Para esto repasemos qué es nuestro evento. Se trata de una serie de desfiles, iguales y repetitivos cada sábado durante más de dos meses, en un impresionante marco festivo. Desfilan siempre las mismas tres propuestas, tres identidades, y cada una expone su obra según un tema que pocos conocen, algunos capaz valoran, pero a nadie le importa. El público va a apreciar, y, lo más importante, a divertirse. Ese es el objetivo.
Los argumentos de cada propuesta para divertir son la estructura, los protagonistas con su gracia, el color y el brillo, y, más que nada en el mundo, la música. Ahora bien, lo que define el éxito o fracaso de cada propuesta es la conjugación de estos argumentos, y la respuesta que ésta obtenga del público. Esta respuesta, con las propuestas, es lo que hace a nuestro espectáculo.
En otros términos, los desfiles no son el espectáculo, lo es la fiesta que construye el público a partir del desfile. Y la experiencia de compartirla es única en el país.
Ahora bien, vale resaltar que, del público, un diez porciento, o a lo sumo un quince, pueden ser turistas, mientras que el resto son locales, entre los cuales una porción importante van todas o casi todas las noches. Esto hace de las propuestas un producto para lo local, y de la fiesta algo extraordinario de vivir. Esa experiencia única.
Expuesto todo esto, abordemos la edición 2025, la cual contó de 9 noches en las que, aunque nunca se logró llenar del todo el Corsódromo, el marco festivo logrado fue importante y dejó satisfechos a la gran mayoría de los espectadores. Si bien se esconden los números, un promedio razonable es que haya habido unos 8 mil espectadores promedio mínimo, entre los que pagaron, los que entraron gratis, y los integrantes que vuelven y se unen a la fiesta. Milo solo recibe mil espectadores.
Ahora bien, al cabo de las 9 lunas, quedan algunas cuantas preocupaciones.
Preocupaciones sobre la organización
•Preocupa que no se haya aprovechado la primera noche, restando 100 millones de pesos a los resultados.
•Preocupa que no se haya vendido publicidad, restando otros 100 millones de pesos a los resultados.
•Preocupa la insistencia en el mismo opaco y arbitrario sistema de ventas, el cual, además, provoca pérdidas de afluencia de turistas que no puden asegurarse el espectáculo.
•Preocupa que los valores de las entradas y las ubicaciones, grueso del costo del programa, afectaran senciblemente la demanda, dejando afuera a muchas familias y turistas de nivel medio.
•Preocupa que la venta de entradas sin ubicación vuelva a generar público imposibilitado de ver el espectáculo, y, encima, que personal de seguridad lo persiga porque no tenía pulsera.
•Preocupa la difusión de un extraño e inverosímil reclamo oficial aludiendo a la existencia de pulseras falsificadas.
•Preocupa ver que el sistema y la organización advertían sobre ubicaciones agotadas y había lugares vacíos.
•Preocupa el trascendido sobre un manejo irregular de la billetera Mercado Pago y una supuesta remoción del Tesorero de ese manejo, el cual hizo recordar al 2010.
•Preocupa el cambio supbrepticio realizado por la organización en el portal oficial sobre las capacidades del corsódromo, entre la séptima y octava noche.
•Preocupa el exagerado precio de la espuma, más que triplicando el costo, el cual tampoco ayudó a mejorar la convocatoria, y preocupa también que varias noches se haya acabado a la mitad de la noche, pero por no comprar suficiente.
•Preocupa la innecesaria y exagerada cantidad de adicionales policiales dispuestos en el corsódromo, y, en particular, la última noche, rodeando a las autoridades e impidiendo disfrutar de la fiesta a quienes pagaron por su ubicación.
•Preocupa la innecesaria y exagerada presencia de funcionarios mostrándose en el circuito preocupados y ocupados en que todo funcione bien, cuando ya era tarde para resolver algo.
•Preocupa el frecuente destrato del personal hacia gente que no lo merecía, al extremo de abusos de poder y conductas patoteriles con gente mayor y menores.
•Preocupa el manejo poco transparente de las imágenes del espectáculo, en la que un canal que lleva años explotando gratis la transmisión en directo, y, al llegar otra, por straming, la respuesta oficial sea asociarse a la primera en la difusión.
•Y preocupa la escasa y ridícula difusión del carnaval en la televisión nacional, y los costos afrontados, una vez a la madrugada y la otra el último viernes de la temporada, de cara a un finde largo ya comprometido por el clima.
Preocupaciones sobre el producto
•Preocupa que, a lo largo de las nueve noches, y en las tres comparsas, luego de pasar la carroza con la banda, haya decaido tanto el volumen de la música, por espacio de largos minutos, con el impacto que eso tiene en la fiesta.
•Preocupa que se haya sentido la ausencia de la banda de Damian Camalé, así como un exceso de cumbia y cuarteto, en lugar de ritmos de carnaval, aunque eso parece ser lo que levanta al público. También se sintió la ausencia de loa grupos animando delante de las bandas, los cuales levantaban al público.
•Preocupa que la producción en las tres propuestas siga siendo demasiado parecida a la de las últimas cinco o seis ediciones, lo cual cada vez se puede disimular menos, a la vez que también preocupa la falta de innovación, de cosas nuevas y distintas, de sorpresas.
•Preocupa que, a diferencia de otros años, para quienes vamos todas las noches, este año, a partir de la segunda comparsa, sea cual fuera el orden, el espectáculo comenzara a aburrir.
•Preocupa que la jura siga generando conflictos básicamente fundados en la desconfianza en los jurados y la organización, aspecto que se profundiza año a año.
Conclusión
Sin lugar a dudas, esta reseña de preocupaciones elaborada en base a comentarios recibidos durante estos largos dos meses, desnuda una larga serie de desafíos a enfrentar, de correcciones a realizar, las cuales, de primar el interés por Gualeguay, deberían ser tomadas en cuenta por todos los que hacen nuestro Carnaval.
Aclaraciones
El ánimo de plantear estas preocupaciones no es echar culpas, pero sí marcar las responsabilidades en ellas de la organización municipal, y las complicidades de las autoridades de las comparsas, con su silencio. El objetivo final es ajustar el rumbo por lo menos incierto, sino desacertado, de nuestro carnaval, reorientándolo hacia el éxito que debe tener. El pueblo de Gualeguay, los integrantes, y a quienes nos apasiona el carnaval, así lo merecemos.
Por último, también vale reconocer que criticar puede ser fácil, pero también es necesario, en especial cuando es sobre lo público, donde los recursos son de todos, la cosa es de todos, y está en juego el futuro de todos. Lo difícil siempre ha sido proponer. Claro está que deben existir muchas propuestas de mejora, pero, por lo pronto, hay una que es básica e indispensable: dejar de hacer lo que se está haciendo porque no nos está yendo muy bien.
Norman Robson para Gualeguay21


















