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Diferencias entre el peronismo y el radicalismo


Descartemos en primer lugar al gorila hormonal y al fundamentalista anti radical. Esos jamas encontrarían placer en la búsqueda por responder esta pregunta y seguramente nunca aceptarían la existencia de similitudes históricas, políticas y conceptuales, que la justifiquen.

Pero quienes disfrutamos del placer de la duda, en más de una oportunidad nos visita este interrogante.
Por mi parte -superado mi esquematismo infantil- tome de Raúl Alfonsin una primera aproximación a este dilema. En la tensión existente entre la libertad y la igualdad, el peronismo se inclinaba inicialmente más por la segunda, mientras que nosotros lo hacíamos por la primera. De cualquier manera, decía Alfonsin, ambos pretendemos la realización de ambas.
Más tarde, seguramente influenciado x sus re lecturas de Gramsci, Don Raúl explicaba estas diferencias asistiendose con el concepto de “culturas políticas”. Según esta mirada, el Peronismo estaba constituido x una cultura autoritaria pero solidaria, mientras que la UCR poseía una dimensión más liberal -libertaria diría alguno- pero marcadamente más individualista.
Desde este enfoque se entendía su impronta organizativa. El peronismo se articulaba alrededor de la idea de movimiento nacional, mientras la UCR -a pesar de tener un origen muy similar- evolucionaba hacia formas más modernas de organización como son los partidos políticos.
Con el correr del tiempo, y del ejercicio pleno de la democracia consolidada, quien suscribe, pudo darle forma a un argumento más para colaborar con este mapa de contrastes.
Desde mi perspectiva, la mayor diferencia entre “la cultura peronista” y “la cultura radical” radica en la diferencia que ambas culturas tienen acerca del concepto del poder. Veamos brevemente a que me refiero.
Mientras que en la primera se privilegia la efectividad por sobre la representatividad, en la segunda se operan de la manera contraria. Así podríamos decir que mientras unos son tributarios de un estilo vertical de articulación y agregación de intereses, los otros lo somos de uno horizontal.
En esta misma linea de razonamiento también podemos apreciar que mientras el peronismo elige “al pueblo” como sujeto político al cual interpelar, la UCR hace lo propio con la “ciudadanía”. Ahora bien, esta diferencia persiste incluso cuando desde ambos espacios se desvía el rumbo y se pasa a privilegiar el poder por sobre la política. En tal caso, es cuando se produce esta degeneración, que vemos como ambos sujetos son remplazados respectivamente por “las masas” y “la gente”.
Mucho se escribió y se dijo acerca de la idea de que mientras los presidentes peronistas “gozan el ejercicio del poder” los radicales “lo padecen”. Y muy probablemente ello sea verdad! Lo cual es de esperar si tenemos en cuenta que mientras que el fundador del primero eligió volver a la argentina para morir gobernando, el fundador del segundo opto por pegarse un tiro en la sien atormentado por las traiciones intestinas. Naturalmente, ambos desenlaces marcaron a fuego las conciencias -y tal vez la cosmovision- de sus seguidores.
Pragmatismo versus intransigencia fueron sin lugar a dudas, las dos actitudes que determinaron durante muchos años los ejes ordenadores de las conductas políticas en nuestro país.
Olvídate “…ellos son Romanos y nosotros somos Griegos” me decía un correligionario mientras apuraba un vaso de vino en una de las tantas e infinitas tertulias Radicales. Tal vez tenga razón.
Lo cierto es que sólo si nos permitimos identificar las diferencias que nos separan podremos apreciar y valorar las diferencias que nos unen. De esa superación cultural depende, creo yo, la construcción de un verdadero proyecto nacional, popular, democrático y perdurable en el tiempo.
No olvidemos amigos, que no por nada fue el chino Balbin quien despidió a Perón y Don Antonio Cafiero quien hizo lo propio con Raúl. A veces los próceres nos hablan después de muertos, es sólo cuestión de saberlos oír.
Leandro Santoro

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