Discapacitados sociales

Con mucha sorpresa, y también preocupación, hoy descubrí que yo estoy igual que aquellos viejos brujos.
Ahora bien, si los veteranos de aquel entonces se horrorizaban por nuestras pícaras travesuras, hoy se retuercen dentro de sus cajones ante el caótico comportamiento de la sociedad moderna en general y la juventud en particular.
Si bien es cierto que la brecha generacional siempre ha planteado estas diferencias propias de la evolución de las distintas camadas, hoy la cosaa es diferente.

Hoy se detecta la existencia de un factor formativo de las diferentes generaciones que no es que no haya evolucionado sino que, directamente, ha desaparecido.
Nos referimos a la disciplina.
Cabe recordar que la disciplina es la conducta de un individuo que dentro de una comunidad respeta los códigos fundamentales para su desarrollo y convivencia en sociedad, algo que si recorremos cualquier diario matutino descubriremos que hoy no solo no existe, sino que a nadie le interesa.
Esta disciplina evolucionó a lo largo de la historia, siendo que aquella que caracterizaba a la sociedad argentina en la época de juventud de mis abuelos, casi todos inmigrantes europeos de clase media y baja, fue evolucionando al ritmo cultural de las décadas, variando sensiblemente hacia los años en que mi padre era joven y más aún hacia mi época, variando en grado y signo, pero siempre vigente en la formación de las clases.
Pero hoy podemos asegurar que, prácticamente, está erradicada cualquier noción sobre el significado, el valor y la utilidad de la disciplina, al igual que muchos otros valores que le siguen los pasos.
Hoy en día, el respeto por los códigos fundamentales para el desarrollo individual y la convivencia en comunidad no está presente a lo largo de toda la cadena formativa.
La disciplina hoy no está presente en el seno del hogar, ni lo está en la escuela, en el trabajo o en el deporte. Ya ni siquiera está en la colimba.
Hoy, en la familia moderna, todos trabajan y delegan la formación en la televisión, la colimba se terminó hace mucho con el Soldado Carrasco, en la escuela los docentes ya son solo eso, y hasta menos que eso, mientras que en el trabajo, el sistema consiente los abusos del trabajador.
Hoy somos todos malcriados, y el rigor ha sido expulsado del quehacer formativo individual, lo que es fácilmente comprobable a la hora de ver como se le falta el respeto a las reglas de juego dentro de cualquier ámbito, o de ver como se desperdician beneficios indispensables para la estabilidad o para la consecución de objetivos planteados.
De acuerdo a esto, al abandonar la formación disciplinaria de nuestros jóvenes, se abandonan sus posibilidades de desarrollo individual y de convivencia en comunidad, fomentando el desorden y promoviendo un estado de caos institucional y social.
Algo muy similar a lo que estamos viviendo en la actualidad.
Por lo tanto, sino replanteamos la situación de forma urgente, si no barajamos y repartimos otra vez, de forma de poder restaurar la disciplina en todos los ámbitos, desde el hogar hasta el trabajo, terminaremos siendo todos discapacitados sociales con nuestras capacidades de superación, desarrollo, tolerancia y convivencia totalmente atrofiadas.
Norman Robson para Gualeguay21

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