Los argentinos hablan de derecha y de izquierda, de zurdos y fachos, de kirchneristas y anti kirchneristas, de peronismo y radicalismo, adoptando poses ideológicas del siglo XX, las cuales ya están obsoletas y son inválidas frente a la realidad moderna. Hoy el desafío es mucho más sencillo de lo que les conviene a muchos a ambos lados de la grieta: abandonar el populismo y restaurar la república. La Argentina se lo merece.
Hoy ya hemos comprobado que el populismo no es exclusivo del kirchnerismo, sino que es casi un denominador común de toda la política argentina. A uno y otro lado de la grieta, unos y otros quieren lo mismo: perpetuarse en el poder a partir de la demagogia.
Por estas latitudes, las características comunes entre los distintos populismos nada tienen que ver con las presuntas o supuestas izquierda o derecha, sino que todas responden a una misma cultura estratégica de quienes ostentan el poder.
Por ejemplo, ninguno cultiva ni respeta la división de poderes, sino que, en la práctica, todos se alinean detrás del mismo objetivo particular. Gobernantes, legisladores y magistrados se asocian detrás de las mismas pretensiones, todas ajenas a los intereses del pueblo. En la República, no.
En lo que respecta a la gobernanza del territorio, en todos los populismos es una estrategia explícita la degradación de las instituciones y, a partir de allí, la instalación del desorden, el caos y la violencia, alimentando así la división propicia para facilitar los objetivos. En la República, no.
A ésta estrategia demagógica se suma la destrucción conceptual del trabajo y de la meritocracia, fomentando así la dependencia del Estado, mientras que la demolición de la verdad alienta la ignorancia y la incertidumbre. En la República, no.
De ese modo, con el desorden, el caos y la violencia, más la ignorancia y la incertidumbre, se impone el terror de Estado, uno disimulado, pero tan efectivo y destructivo como aquel original, y se somete al pueblo.
En la República, al imperar el orden, la seguridad, el conocimiento y la certidumbre, reinan la paz y la libertad propias del Estado de Derecho. Así, el pueblo puede progresar y desarrollarse.
Sin lugar a dudas, el desafío de los argentinos hoy es derribar el populismo y restaurar la República.
Norman Robson para Gualeguay21


















