El desafío de los grandes: la vulnerabilidad adolescente

El pasado viernes, por la tarde, hubo una charla en el Museo Quiros, mientras que, por la noche, hubo una conferencia por Radio Gualeguay, y, en unos días, habrá un taller en la Sepacc. El tema es la adolescencia y sus dramas. Si bien la cuestión está opacado por la economía, la inseguridad, y otros relevantes de la emergencia coyuntural, las problemáticas que hoy encierra la adolescencia son demasiado graves con un enorme costo para la sociedad. Que no decaiga.

La cita fue en el Quirós y a sala llena. No es mucho, pero ya era algo. Se trató de una propuesta del Rotary Club Gualeguay, y a cargo estaba la Lic. en Psicología Pamela Nieto. El tema: “Problemáticas actuales en la adolescencia”.

Ese mismo día, pero a la noche, por Radio Gualeguay, el programa “Y será lo que ya fue” puso al aire a la Lic. Tili Peña abordando la problemática del uso de las pantallas en edades tempranas. La temática al aire por la AM local no es poco.

Finalmente, en pocos días, en el Auditorio Municipal, la Sepacc propone el taller lúdico “Ola: ¿Cómo va tu vida?”, de la fundación “Crear Vale la Pena”, que busca promover en los adolescentes la reflexión, el sentir y el conectarse con las emociones. Cuatro jornadas sobre el tema tampoco es poca cosa.

Adolescencia, adolescencia y adolescencia. Tres propuestas sobre un mismo tema que llegan a la ciudad casi en simultáneo. No es una casualidad, es una señal. “Houston, tenemos un problema”, como dijo el piloto de la Apolo 13, el 13 de abril de 1970, y abortaron la misión. Acá tenemos un problema, pero Houston no escucha, y podemos terminar estrellados.

La experiencia en el Quirós abordó la cuestión desde la crianza, en la radio el problema específico de los dispositivos y sus prestaciones, y el taller propondrá soluciones a las consecuencias de estos escenarios. Pero, más que nada, lo que hacen estas instancias es instalar el tema en la mesa, que es grave, preocupante y urgente.

La teoría de los tomates

Éramos una vez una generación distinta: crecimos con tutores, como los tomates. Pautaron nuestro camino y, cuando fue necesario, estuvieron allí para corregirlo, y llegamos a ser lo que somos. Pero hoy esos tutores no están y saber porqué ayudaría a abordar las soluciones.

La razón de que aquellos tutores nos ayudaron fue porque los abrazamos. Si no nos hubiésemos agarrado de ellos, nos hubiésemos desmoronado sin remedio. Con eso quiero decir que los respetábamos como autoridad y, aunque no siempre hacíamos caso, siempre los escuchamos, y, por ello, de los golpes siempre aprendimos.

Hoy los tomates no tienen tutores, sino que entre ellos se abrazan y buscan crecer, pero solos. Esa libertad les impide crecer bien, cuando no terminan desmoronados y desparramados por el barro a la primera tormenta.

Frente a ésto, aparecen las culpas, principalmente en los tutores, porque son conscientes de su ausencia y de que por ello hay un problema, pero nunca en los tomates, inocentes e ignorantes de lo que ocurre. Pero para que el tutor sirva no solo tiene que estar, sino que, como dijimos, los tomates tienen que abrazarlo. Caso contrario, se caen, y se arruinan.

He allí el problema, Houston, los tomates dejaron de creer en los palos tutores, estos dejaron de ser su autoridad, le perdieron el respeto, y prefieren abrazarse entre ellos, y así, a veces, terminan revolcados por el piso.

Es por esto que el desafío, como tutores, es recuperar el respeto de los tomates y restaurarse como autoridad, para que vuelvan a abrazarlos.

En síntesis, los padres, desde hace un par de generaciones, han perdido aquel control que tenían sobre sus hijos. Ellos eran la autoridad que se respetaba y hoy no lo son. Pero no es que no sepan dialogar con ellos o escucharlos. No. Por duro que sea, a ellos no les interesa dialogar con alguien que no respetan, que no tiene autoridad, y que, por lo tanto, no les sirve. Prefieren sus pares, ellos sí saben de que se trata este presente que ellos atraviesan.

Ellos hablan entre ellos, y, por lógica, sale cualquier cosa. Impera el descontrol y van, les guste o no, nos guste o no, a la deriva.

Como si fuera poco, se sumó internet, las redes sociales, la hiperconectividad, las pantallas con las apps, la timba y los jueguitos, y todo se desmadró del todo. Pensar que antes a los padres los asustaban las drogas.

Todo este escenario genera impotencia en los tutores, incertidumbre en los tomates, y éstas provocan profundas ansiedades y angustias en unos y otros. Una realidad complicada para los grandes, una realidad muy peligrosa para los chicos, simplemente porque no están emocionalmente, ni psicológicamente, ni intelectualmente preparados para lidiar con esta realidad. De allí que su salud emocional esté cada vez más complicada, y de allí que cada día ellos estén más en riesgo.

Los adolescentes están solos, y, aunque suene loco, los padres también.

Es cierto que hoy los ritmos son más dinámicos, qué la vida lleva puestos a todos, y que el contexto no ayuda, pero si fuese que unos y otros así lo quisieran, sin dudas, se harían el lugar y el momento. Sin lugar a dudas, cuanto más temprano se corrija la situación, más fácil va a ser. Una vez que los tomates están gordos, todo se vuelve más difícil.

La salida puede estar acercando los tutores a los tomates, seduciéndolos, conquistándolos, demostrándoles que sirven y que son su mejor opción, hasta lograr que los elijan por sobre sus pares y vuelvan a abrazarlos. Puede ser por allí el camino y, quien dice, yendo por ahí, hasta capaz que se puede restaurar la familia como unidad social.

Norman Robson para Gualeguay21

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