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Enfermedades infecciosas: nuevos aportes para disminuir su transmisión


Científicos de la Universidad Nacional de La Plata desarrollan modelos matemáticos realistas para estudiar la transmisión de enfermedades infecciosas. La investigación está abocada, principalmente, a la tos convulsa, que ha resurgido en las últimas décadas con un considerable grado de mortalidad en los lactantes.

Elaborar posibles estrategias de control para contrarrestar la situación epidemiológica que ocasiona la tos convulsa es el objetivo de un grupo de científicos del Instituto de Investigaciones Físico-químicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA), en colaboración con el laboratorio VacSal (Vacunas Salud) del Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM).
La tos convulsa o coqueluche es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria que, al entrar en el organismo, puede ocasionar trastornos graves, incluso la muerte en los más pequeños. La enfermedad tiene como uno de sus síntomas una tos muy fuerte, vía por la cual la patología se transmite de un individuo a otro y así se propaga en la sociedad. Es por esto que el INIFTA trabaja en una investigación que, entre los resultados obtenidos, logró determinar la importancia de respetar el calendario de vacunación nacional, teniendo en cuenta que la aplicación en tiempo y forma de las dosis evita en forma considerable el contagio.
“Nuestro grupo desarrolla, desde hace varios años, un modelo matemático que tiene en cuenta distintos aspectos de todo este proceso de transmisión con la idea de poder describir, a través de ecuaciones matemáticas y simulaciones computacionales, los rasgos salientes de la transmisión de la enfermedad.”, explicó a Argentina Investiga Gabriel Fabricius, director del proyecto.
En Argentina, el esquema de vacunación contempla tres dosis primarias a los 2, 4 y 6 meses de edad (DPT3), una dosis a los 18 meses y refuerzos en el ingreso escolar y a los 11 años. En el reciente trabajo, los investigadores evaluaron el impacto que tendrían distintas medidas de control en la población más vulnerable (0 a 1 año). En particular, se analizó el impacto de la inclusión de un refuerzo a los 11 años, el efecto de la mejora en las coberturas de las dosis primarias y la disminución del retraso en su aplicación.
Los resultados muestran que la inclusión de un refuerzo a los 11 años disminuiría en menos de un 5% la incidencia en los menores de 1 año. Por su parte, la aplicación de las dosis primarias a tiempo calendario (sin retrasos) tendría un efecto de alrededor del 15%. El hecho de aumentar la cobertura del 80% al 95% tendría un efecto bastante mayor en la incidencia de la población vulnerable (alrededor del 40%).
La metodología de trabajo es esencialmente interdisciplinaria, ya que requiere de una interacción permanente entre físicos y matemáticos con biólogos del laboratorio VacSal (UNLP) que realizan investigación básica sobre la patología. “A partir de esta interacción, no sólo se mejora el modelo, sino que la visión que tienen unos y otros de la problemática se enriquece” argumentó Fabricius.
Cuando una persona infectada con la bacteria tose frente a otra que no es inmune (es decir, que no se ha enfermado antes ni fue vacunado, o sí lo fue pero hace varios años) existe una probabilidad muy alta de que la contagie. Aquí reside la importancia del trabajo para contrarrestar la propagación de enfermedades de alto riesgo como ésta, que son de simple transmisión; “modelar este problema es algo muy complejo, ya que hay que tener en cuenta una diversidad de factores. Por otra parte, las predicciones de los modelos siempre deben ser tomadas con cautela ya que éstos sólo brindan una aproximación al complejo problema real pero, en este caso, los modelos brindan una gran ayuda, ya que es muy difícil evaluar de otro modo la eficacia de una eventual medida de control”, agregó el investigador.
Universidad Nacional de La Plata

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