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Impunidad e indefensión: La angustia de conocer verdades y el miedo a ser otra verdad

Estoy cansado de ver cómo los culpables gozan de su libertad, cómo los inocentes sufren su condena, y cómo el poder, perverso e indolente, corrompe el sistema en su favor ante una horda de bárbaros que lo vitorea. Pero no es ese mi problema, el mío es conocer la verdad en detalle, y es, también, el miedo a ser yo mismo otra víctima, solo por conocerla. Claro está que si no supiera, sería apenas un bárbaro más festejando la injusticia o la impunidad, y, sin dudas, no diría esas verdades que tanto me comprometen. Estoy cansado de conocer y de temer. Estoy cansado de no creer.

Estoy cansado de mirar procesos y ver solo un relato escenográfico barato montado para la misma horda de bárbaros, consciente de que el desenlace ya fue acordado, a puertas cerradas, por los dioses del olimpo judicial. Estoy cansado de buscar y encontrarme con que la ley siempre es adecuada a una caprichosa interpretación, funcional a intereses ajenos al de impartir justicia. O de encontrarme con que, como la sentencia ya fue dictada en Facebook, Instagram y Twitter, tal cual fue la denuncia, el honorable Tribunal solo la convalidará para evitar salir “escrachados” también en esas redes.

Estoy cansado de mirar elocuentes discursos y ver, entre las mismas líneas, que lo cierto es que les importa un rábano lo otro, o el otro, o todo lo que no sea de ellos, esa selecta oligarquía del poder. Estoy cansado de saber que ese mismo poder del que abusan se lo hurtaron a esa misma horda ignorante, que aún no sabe que es de ella.

Estoy cansado de tener miedo. Miedo a encontrarme rodeado de patrulleros que vienen a detenerme y miedo a despertar una mañana en una celda, sin saber porqué. Miedo a ser señalado por miles como autor material de algo que no puedo imaginar qué puede ser. Miedo a estar desesperado porque nadie me cree que no hice eso que dicen que hice. Miedo a la impotencia de no poder hacer nada mientras derrumban lo que queda de mi vida.

Es por todo esto que quiero, por un tiempo, gozar la paz que confiere la ignorancia. Quiero dejar de descubrir miserias, traiciones e infidelidades, falsas o impunes. Quiero olvidarme de ser civilizado, formado e informado, con un juego de neuronas encendidas. Quiero ser un bárbaro más de la horda saltando eufórico sin saber porqué, absolutamente ignorante y, más que nada, inimputable. Quiero creerme cada párrafo insolente de los relatos vigentes, sean de quien sean. Quiero creer todo lo que la horda cree, estoy cansado de no creer.

Estoy cansado de descubrir, a cada rato, que vivo en un universo de caretas brincando y bailando en un carnaval de fantasía, cuando tras las coloridas bambalinas se esconde una maquiavélica realidad en la que sonrientes satanaces brindan por el apocalipsis de la bondad entre diabólicas carcajadas.

Por eso me invade la angustia, porque me dedico a mirar y ver, a buscar y encontrar, mientras que lo que veo y encuentro es pura miseria, banal injusticia. No veo escrúpulos, ni encuentro piedad alguna por la vida ajena. Solo descubro desprecio, sencillo y crudo desprecio. El sistema no es perverso, son perversos los hombres y mujeres que conforman el sistema. La civilización terminó siendo un cuento, uno de terror. Por eso estoy cansado, y como no puedo ser perverso, quiero ser bárbaro, uno más perdido entre la horda, un nadie más de Los Nadies de Galeano, sin ninguna personería pública.

Estoy cansado de saber y temer.

Norman Robson para Gualeguay21

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