Dos milenios nos separan de aquel nefasto gobierno romano que la historia de la humanidad recuerda por su abuso y su inmoralidad, pero al transpolar aquella gestión a los tiempos modernos, Calígula hasta podría sonrojarse ante algunos ejemplos contemporáneos.
Calígula nació en el año 12 en el hogar de uno de los más grandes generales de la historia romana y fue emperador desde el 37 hasta su asesinato en el 41, o sea, llegó al poder hace 1977 años con solo 25 años.
En aquel entonces, tras deshacerse de varios herederos, Calígula accedió al trono en una época marcada por la creciente prosperidad, pero su ineficiencia derivó en una crisis económica sin precedentes llevando hambre a todo su pueblo.
Esta primera reseña de aquel gobierno romano demuestra que la ausencia de escrúpulos a la hora de pretender el poder y la incompetencia una vez accedieron al mismo no son cuestiones exclusivas de los tiempos modernos.
Ante aquella crisis, Calígula implementó un conjunto de políticas que, primero, acabaron con el tesoro, y luego, para remediar esto, echó mano al dinero de la plebe, una política no horrorizaría a nadie, ya que a la hora de obtener recursos, hoy no importan los comos.
Por lo tanto, para poder avanzar con estos atropellos, Calígula debió reducir la influencia del Senado, aplastando toda oposición que este hiciera, al punto de presentarse ante su pueblo como un dios.
Esta omnipotencia propia de aquel emperador en muy común en los estratos de poder contemporáneos, tan frecuente que podemos apreciarla en las noticias del día.
Por todo lo reseñado, el gobierno de Calígula se caracterizó por sus muchos amigos en el poder, con quienes compartía los escandalosos entreveros sexuales, sus rutinarias crueldades y sus extravagantes negocios.
Vicios estos que no le quitarían el sueño a nuestra Doña Rosa actual.
En definitiva, Calígula fue un psicópata antisocial, megalómano, paranoico, depravado, manipulador, ladrón y farsante, a quien nada tienen que envidiarle ni Hitler, ni Massera, ni ninguno de estos oportunistas disfrazados de políticos a quien hoy le hemos entregado el poder.
Calígula profesaba una filosofía hedonista y amoral donde la finalidad de la existencia es el placer, donde la vida de los demás no vale nada, y donde el poder puede ejercerse sin problemas con el más cruel y depravado sadismo, y, si esto es cierto, nadie puede negar su preocupante vigencia como fuente de inspiración de políticos y funcionarios modernos.
Norman Robson para Gualeguay21

16 septiembre, 2026 6:35 am/
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