Lo que dejaron a la Argentina las 20 verdades de Perón
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Un día como el pasado viernes, una gran movilización popular en la Plaza de Mayo exigió la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón. Hoy, 80 años después, de aquel peronismo fundado por Perón no solo quedó un sello conveniente y funcional para unos pocos, sino que también quedaron sus verdades fundacionales, algunas de las cuales aún hoy no solo siguen vigentes, sino que vale mucho la pena rescatar, pues sintetizan los principios de cualquier ideología interesada en la república y su pueblo.
Quien fue Perón
Aunque muchos hoy renieguen de él para justificar convenientes preceptos ajenos a su pensar, la histpria dice que fue un hombre de armas nacido en 1895, formado en el Colegio Militar, de donde egresó en 1913. Una vez recibido, fue instructor en distintos puntos del país y en Italia, donde conoció la doctrina fascista nacionalista de Mussolini, la cual abrazó y profesó.
Más tarde, después de participar activamente en los golpes contra Irigoyen en 1930 y contra Castillo en 1943, frente a los magros resultados obtenidos por éstas dictaduras, y entendiendo la república y la democracia, se involucró en política. En este contexto de mediados del siglo pasado, Perón llenó la Plaza de Mayo que hoy tanto se recuerda. En aquel derrotero, el General plasmó su doctrina en 20 verdades que sintetizan la esencia de su perfil político y el que debería tener cualquier gobierno.
En otras palabras, aunque Perón haya nacido 130 años atrás y haya sido presidente por primera vez en aquel 1945, su legado conceptual define hoy no solo a aquel peronismo, sino que define, también, a cualquier gobierno que hoy se precie de republicano y democrático.
Cabe remarcar que, como sostuve en un párrafo más arriba, en cuanto a que se agotó el peronismo tal cual Perón lo ideó y fundó, al abordar de aca en más sus verdades, quedará probado que sus versiones posteriores a su muerte (Isabelita, Menem y Kirchner) en nada respetaron su legado doctrinario, sino que, lisa y llanamente, lo traicionaron.
Las veinte verdades
Respecto del propio peronismo, Peron dijo entre sus verdades que ese movimiento “es esencialmente popular”, y advirtió, con dotes visionarias, que “todo círculo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista”, que “ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser”, y que “cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca”. Sin lugar a dudas, ya se imaginaba el futuro.
No menos visionario fue cuando dijo que “el peronista trabaja para el Movimiento”, pero que, “el que en su nombre sirve a un círculo o a un caudillo, lo es solo de nombre”. Para ser peronista, el General dijo que la escala de valores debía ser la siguiente: “Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres”.
De ese modo, pareciera que Perón le dejó varias señales a los argentinos en las que les adviraió que llegarían impostores a usurpar el movimiento, pero nadie se dio cuenta, y pasó lo que está pasando.
Por otro lado, definió entre esas verdades su doctrina política, económica y social: el Justicialismo, como “una nueva filosofía de vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”. La sintetizó como “el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad”, como “el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social”, y como “la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social”.
Para ello, Perón dijo entre sus verdades que “los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social”, y que “con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y de amor, y aseguró que “el peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha”. Finalmente, resumió esto último diciendo: “Desea héroes, pero no mártires”.
Ahora bien, más allá de lo particularmente peronista, Perón incorporó entre sus verdades algunas premisas que marcan claramente cómo debe acceder la Nación a los valores enunciados.
Por ejemplo, una de las verdades de Perón dice que “la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”, y en otra agrega que “en la nueva Argentina, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”. Y como si no fuera suficiente, otea dice que “no existe más que una sola clase de hombres: los que trabajan”.
En el mismo sentido, Perón agregó como premisa que “la política no debe ser un fin sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional”, y que “en la nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”, esos mismos que el pseudo peronismo actual llevó al 75 porciento de pobreza.
Si bien en un principio Perón incluyo como verdad que “para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”, al poco tiempo cambió ésta por “para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino”.
Por último, y por última verdad, Peron aseguró querer “una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”, y que su idea era la de “un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre”, para terminar declarando que “en esta tierra, lo mejor que tenemos es el pueblo”.
En síntesis, en aquella plaza se concentró el pueblo peronista clamando por el líder que profesaba estos conceptos, pero, al morirse en 1974, ese lider se llevó al peronismo y sus verdades, mientras que nos dejó una horda de plagiadores, usurpadores y estafadores. Hoy, más allá de cualquier distancia antipática, cuánto merece este país políticos que adopten el legado de Perón y cumplan con aquellas verdades tan olvidadas.
Norman Robson para Gualeguay21
