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Lo que le dejó a Gualeguay esta nueva crisis hidrológica

Por estos días, la ciudad de Gualeguay sufre los estragos de otras crisis hidrológica a causa de extraordinarias lluvias. La misma provocó que todos miremos hacia el 2007, último antecedente de una situación similar, lo cual nos desnudó una muy triste realidad: A pesar de lo que se hizo en estos 17 años, nada ha servido. A pesar de lo sufrido en aquella oportunidad, nada hemos aprendido. Casi cuatro gestiones que no adoptaron políticas que tiendan a evitar lo sufrido.

Nuestra provincia se llama Entre Ríos por los miles de cursos de agua que atraviesan su territorio, características que hacen que la cuestión hidrológica sea fundamental en cualquier decisión política que se tome, en particular en términos de infraestructura. Pero si se tiene en cuenta el cambio climático que estamos atravesando, con los fenómenos El Niño y La Niña, lo hidrológico se vuelve vital e indispensable.

El problema hidrológico

Don Tomás de Rocamora fundó Gualeguay en el medio de un cañadón y a orillas del río Gualeguay. Ésto se puede apreciar fácilmente en un plano de cotas del Instituto Geográfico Militar. Hacia este cañadón, suerte de embudo conformado por las rutas 12 y 11, con las vías como eje, escurren aguas desde tierras altas al norte y oeste de la ciudad. De ese modo, la ciudad recibe primero la lluvia que cayó sobre ella y después la que cayó tierras arriba.

Cuando llueve mucho, en su escurrido hacia estos pagos, ni el bañado de Hugo, ni ninguno de los canales de Mihura, Hugo, Dowery, Periurbano, Ingleses y Camaos, que desembocan en el río Gualeguay, alcanzan a aliviar el caudal, el cual sigue hasta confluir toda el agua en la intersección de las rutas 11 y 12, y en la Terminal. De la misma manera, algo similar ocurre con el camino del Consorcio y sus calles paralelas cuando se desbordan los canales.

De este modo, por un lado o por el otro, el sistema de escurrido se acumula contra los terraplenes de las defensas (Dunat, norte, costera y sur) y al reservorio, donde las bombas deben extraer todo el caudal de agua hacia el otro lado, hacia el río.

Así es que, cuando las lluvias son extraordinarias tanto en la ciudad como tierras arriba, como en el 2007 y días pasados, deben funcionar los canales, el sistema de escurrido y las bombas. Para estos casos deberían disponerse bombas extras que permitan expulsar el volumen extraordinario.

Ahora bien, cuando los canales no pueden absorver lo que deberían, sea porque las rutas funcionan como represas (porque las alcantarillas están mal ubicadas) o porque están sucios y obstruidos, cuando no existe un sistema hidrológico de escurrido que permita fluir ágilmente toda el agua hacia los puntos de extracción, y cuando la capacidad de bombeo es insuficiente, la situación colapsa.

Ejemplos: El acumulado de agua contra las rutas 11 y 12, contra la Av. Illia, contra las vías del ferrocarril, calles asfaltadas en boca calles sin badenes que la dejen escurrir, desbordes por canales y alcantarillas sucios, etcétera.

Todo esto se sabe, por lo menos, desde el 2007. Lo saben las autoridades, los dirigentes, y las constructoras, a la vez que lo saben muchos damnificados.

Infraestructura realizada

Después del 2007, en un improvisado intento de “prevenir” estos casos, sin estudio hidrológico alguno, se abrieron múltiples zanjones en 2010 (Dowery y otros), y se construyó el Canal Periurbano en 2014 (14 millones de dólares), mientras que cuando se hizo nueva la ruta 11 en 2012 (60 millones de dólares), no se modificaron las alcantarillas según lo necesario.

Aparte de estas obras, las cuales hoy quedó demostrado que en nada tributaron a una solución del problema, nunca se hizo un estudio hidrológico que determinara la infraestructura necesaria para evitar la crisis, ni siquiera se ampliaron o profundizaron los canales de alivio. Es más, ni siquiera los limpiaron. Por otro lado, sí se amplió la defensa al barrio Dunat, pero no se amplió nunca la capacidad de bombeo de acuerdo a la necesidad normal y extraordinaria, siendo que el canal de Camaos que allí desemboca es uno de los que más recibe agua del escurrido.

Todo esto siempre estuvo en conocimiento de las autoridades políticas, gremiales y sociales, al igual que de los propios vecinos que lo sufrieron, como los del Dunat, Pancho Ramírez y San Pío, Bañado de Hugo, y otros. A pesar de eso, se desperdiciaron 3 años de sequía extrema sin aprovecharla para nada.

Políticas de emergencia

En otro sentido, la ciudad tampoco estableció nunca planes o protocolos de respuesta a la emergencia y, al igual que en el 2007, la reacción fue, esta vez, aunque masiva por la solidaridad general, absolutamente desordenda. Tanto aquella vez como ésta, el Estado por un lado, las instituciones por el otro, y los particulares por otro, salieron cada uno por su lado a asistir a los damnificados, saturando de asistencia en algunos sectores y desamparando en otros.

Es comprensible que un ejido municipal de casi 100 kilómetros cuadrados, poblado en todos sus rincones, demande un poder de respuesta importante en recursos tanto materiales como humanos. A pesar de eso, Gualeguay demostró en el 2007 y ahora que cuenta con ambos recursos, pero, lamentablemente, no hay una organización que permita alinear todos esos recursos de forma de atender todo el territorio.

Nunca se estableció una Defensa Civil, ni se diseñó un plan de emergencia o contingencia con protocolos específicos, ni se armó una red de referentes territoriales que conozcan cada realidad sectorial, ni se ordenó la fuerza de cientos de voluntarios. Así es que en cada crisis el Estado hace lo que puede, las intituciones también, y los vecinos en grupos también, cada uno divorciado del otro con las consecuencias esperables.

Un ejemplo: Durante varios días, distintos grupos de asistencia atendieron la zona del Bañado de Hugo, pero nadie fue del otro lado de la ruta, donde la necesidad era el triple.

Lamentablemente, también quedó en evidencia que los distintos Comités de Emergencia integrados por funcionarios y actores sociales no estuvieron nunca a la altura de las circunstancias, sino que todas las tan bien intencionadas voluntades se terminaron desperdiciando.

Conclusiones

De acuerdo a lo expuesto, esta nueva crisis hidrológica exige una respuesta social y política que evite, definitivamente, las traumáticas experiencias atravesadas. Luego de reconocer el problema en toda su dimensión y de asumir la responsabilidad política sin culpas ni excusas, el Estado debería enfocarse en cuatro acciones concretas.

1. Ordenar un estudio hidrológico general de todo el territorio que permita conocer al detalle las necesidades técnicas concretas que eviten o alivien las crisis sufridas.

2. Diseñar un plan de obras necesarias según ese estudio hidrológico y que sea estrictamente respetado a la hora de realizarlas.

3. Conformar un consejo de Defensa Civil a partir de una red de referentes sociales, no políticos, que abarque todo el territorio, y de un equipo de profesionales interdisciplinarios, que permita conocer al momento y por completo toda la realidad de la contingencia.

4. Alistar, a través de las instituciones deportivas y sociales, todos los interesados en ser voluntarios en las distintas tareas demandadas por la contingencia.

De este modo, las obras que se puedan realizar sumarán a la solución, y las contingencias que surjan podrán ser contenidas, hasta que, finalmente, la amenaza sea neutralizada y estas crisis pasen a ser historia.

Apéndice

Se habla de hidrología y no de hidráulica porque ésta es la rama de la física que estudia el comportamiento de los líquidos en función de sus propiedades específicas, mientras que la primera es una rama de las ciencias de la Tierra que estudia el agua, su ocurrencia, distribución, circulación, y propiedades físicas, químicas y mecánicas en los océanos, atmósfera y superficie terrestre.

Norman Robson para Gualeguay21

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