M y F: Una historia de esas que el final te deja helado

En el juicio surgió que el muchacho y la muchacha tenían una relación informal y eso habría terminado obsesionando al joven, que quería ser su novio oficial y ella no. Su obsesión desató la violencia física. En 2019, ella lo denuncia, y, luego de varios intentos, a las semanas se suicida. En 2025, la Justicia decide atender la causa, lo juzga y un jurado lo declara culpable. Pero él siempre insistió en que eso no fue así, y se suicidó, dejando un final cerrado para una historia abierta.

La determinación final siempre tiene un mensaje fuerte, sea quien sea el protagonista. Las emociones que intervienen son muchas: impotencia, angustia, ansiedad, miedo, culpa, bronca, y otras, pero siempre hay un concepto común: la poca valoración por la vida, o la sobrevaloración de otras.

Se conocieron a mediados de 2017, luego de que él recuperara su libertad después de estar preso por encubrimiento, y, a los pocos meses, ella quedó embarazada. Ella tuvo su primer intento de suicidio en enero 2019, pero no dijo nada de los abusos. A mediados de ese año, volvió a intentarlo otras dos veces, ya refiriendo abusos, razón por la cual a fines de julio, lo denunció. A pesar de eso, en los primeros días de septiembre lo intentó otra vez. Finalmente, el 19 de ese mes lo logró, dejando 3 niños de 5, 3 y 1 años.

Con esos antecedentes, el viernes 21 de este mes, un jurado encontró al muchacho culpable de un abuso sexual agravado por daño a la salud mental. Aunque no en la carátula, dejaron claro en las audiencias que ese daño la había conducido al suicidio. De ese modo, para el muchacho, lo habían encontrado culpable, no solo de amenazarla y violarla, sino, también, de haberle provocado la muerte.

Pero desde su imputación, el muchacho negó rotundamente que eso haya sido así, tanto que no aceptó un juicio abreviado de 6 años. “Yo no voy a ir preso por algo que no hice”, supo decirle al abogado cuando le adelantaba lo que ocurriría si iba a juicio por jurados. Y así fue.

Los defensores explicaron que no habría habido amenazas, ni violación, pero los doce jurados descreyeron de eso y lo condenaron. Entre los argumentos de la defensa se destacaron otros intentos de suicidio, las dudas sobre la paternidad de la criatura, y que en un primer momento ella culpó a otra persona.

La amenaza era que el juez le daría 21 años. Ayer viernes, éste no dictó la pena, pero sí la preventiva en Jefatura. Cuando su abogado lo dejó allí, le advirtió al Juez que podría suicidarse, y éste tomó las medidas correspondientes. Entre éstas, custodia estricta en la celda. Parece que lo dispuesto no se cumplió, o no resultó, y el muchacho encontró el momento y los recursos necesarios para ahorcarse, igual que lo hiciera ella, seis años antes.

Lo había dicho: “Yo no voy a ir preso por algo que no hice”, y, al quitarse la vida, insistió, por última vez, en su inocencia. Guste o no, ese es su mensaje. Para él no habría sido aceptable ir preso por algo que el creía que no había cometido.

Hoy, mientras sus familiares lloran y despiden sus restos, en las redes otros celebran su muerte como un acto de justicia. Más allá de todo lo mucho que se pueda decir, no hay mucho más que se pueda saber a ciencia cierta. Ella se fue y él la siguió, y solo dejan a su paso la duda de si todo eso no se podría haber evitado. Dos años de violencia y abusos, cuatro intentos de suicidio, dos años de relación, y nadie hizo nada. El puede haberse cargado la vida de ella, pero la sociedad, con el Estado a la cabeza, se cargó la vida de los dos.

Norman Robson para Gualeguay21

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